m. … escuchando esta canción, la guitarra perfecta y la voz de Silvio, no hemos tenido otro remedio que acordarnos por un momento de ti, de vosotros… en estos días… terribles… todo el viento del mundo sopla en vuestra dirección …
Veo un libro abandonado en un banco. El viento pasa sus páginas. Tengo curiosidad por saber qué libro es, pero esperaré educadamente a que el viento termine de leerlo.
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La lectura es, tal vez, un simple acto de curiosidad. Un libro se abre como una puerta a otro lugar. Todo consiste en entrar y dejarse llevar... y es que un libro abierto tiene forma de pájaro con las alas en vuelo.
Hay una mujer alta que duerme. Su cabeza está tapada con un cojín y abraza un perro de peluche. En la mesilla hay un vaso de agua, la mitad de una cápsula y una cajita verde de tapones para oídos. También hay un klinex arrugado, unas gafas y un despertador.
De pronto el despertador suena. La mujer se mueve muy despacio, aparta el cojín de su cabeza y parpadea. En su sien se aprecia una pequeña vena hinchada, la palpa con los dedos y abre los ojos; dos océanos azules se desbordan y empapan mi cuaderno…
La mujer alta piensa bajito. Hoy es jueves, 20 de junio y cumple 37 años. La mujer no sabe si es feliz o no, pero se propone hoy al menos, serlo. Mientras se ducha hace afirmaciones y de pronto, siente dentro del pecho una explosión de felicidad…La mujer alta se da cuenta que tiene ilusión en el amor, que tiene ilusión en el trabajo, que tiene ilusión por la vida, y entre el agua que le cae, vislumbra una rendija por la que se asoma un futuro luminoso.
Hay una mujer alta cepillándose los dientes por un pasillo. Las mujeres altas siempre se cepillan los dientes por el pasillo…
II
Hay una mujer sentada en una oficina del INEM. Lleva gafas de sol negras y sobre sus piernas cruzadas reposa una carpeta verde. Las manos de la mujer juguetean con un pequeño papel en donde viene anotado el número de su turno.
La mujer que está sentada en la oficina del INEM piensa que aquello se parece a muchos sitios. El papel con el número de su turno es exacto al que le dan en la carnicería del supermercado. Las filas con los asientos de plástico son idénticas a las del ambulatorio. Y la mujer que está en el mostrador de información, tiene cara de decir en cualquier momento: patatas, wooper, coca-cola…
Hay una mujer sentada en una oficina del INEM. La mujer sonríe interiormente, porque se imagina saludando a las paradas de los autobuses. Al fin y al cabo, ella se ha convertido en una parada más. También piensa en las paradas cardiacas y en las respiratorias…La mujer sabe que hay muchos tipos de paradas.
Hay una mujer parada sentada en una oficina del INEM, pero su corazón trabaja, su corazón no para de trabajar. Los corazones de las mujeres paradas trabajan día y noche.
Sobre sus piernas cruzadas reposa una carpeta verde con toda la documentación sobre la extinción de su contrato. En su despido alegan causas objetivas. Esto significa que la empresa no tenía medios económicos para sostener su puesto de trabajo.
También lleva una carpeta roja en el fondo de su pecho, con toda la documentación sobre su desamor. Pero aquí no hay causas objetivas. Su despido fue totalmente improcedente, porque aquel que la abandonó la sustituyó inmediatamente por otra mujer.
La mujer que está sentada en la oficina del INEM adoraba su puesto de trabajo y ha renunciado a cualquier tipo de indemnización por parte de la Empresa. La mujer también adoraba el puesto que ocupaba en el corazón de su amor, pero no ha renunciado a su indemnización por parte de la vida. Su corazón no para de trabajar. Los corazones de las mujeres enamoradas trabajan día y noche. Si es necesario, está dispuesta a demandar al mismo Dios. Porque no hay nada más injusto que una mujer abandonada. Una mujer abandonada es una mujer muerta. Y cuando una mujer muere no se puede hacer nada, ni siquiera enterrarla.
Una mujer abandonada está sentada en una oficina del INEM. Lleva gafas de sol negras, y sobre sus piernas cruzadas, reposa una carpeta verde. También lleva una carpeta roja en el fondo de su pecho.
III
Hay una mujer quieta, mirando una mesa. A la derecha un whisky, a la izquierda un cenicero. De vez en cuando levanta la vista y mira al frente. Se choca con una televisión callada, sin volumen (como ella). Al menos la televisión es en color, se suceden las imágenes salpicando tonos. Ella, la mujer, es en blanco y negro. La cubre una costra.
La mujer se levanta, llega a la nevera y saca un cartón de agua solán de cabras. Antes de cerrar la nevera mira el congelador sin puerta. Dentro, como un amasijo de nieve y plástico está su corazón. Estira su mano y lo toca con la punta del dedo índice. Piensa deprisa como un rayo: - Debería estar yo ahí dentro y mi corazón aquí fuera.
Hay una mujer. Hay un viernes, una madrugada…Una mujer se está muriendo muy íntimamente, sin ruido. Y no se puede hacer nada. Cuando una mujer muere no se puede hacer nada, ni siquiera enterrarla. Las mujeres se mueren por el alma, los hombres por el cuerpo.
Cuando una mujer se muere tiene que seguir madrugando, fregando los cacharros, cogiendo el teléfono, sonriendo a raudales…Cuando una mujer muere no se puede hacer nada.
Hay una mujer, tronchada su mirada como un tallo. Reposa en una mesa. Se mira las manos. Se mira un anillo y se sube a un planeta, lo gira y se sube a la luna, lo vuelve a girar y se sube a una estrella.
Su vida es un anillo que gira en un dedo muerto, sin tacto.
Hay una mujer y es julio y hace calor, pero la mujer tirita. Y no hay nada que hacer. Las mujeres tienen frío dentro. Sopla la vida con su boca loca de siroco y caen. Las mujeres siempre caen, pero sólo se les nota en los ojos, porque se mantienen erguidas como árboles.
Hay una mujer que piensa: - Olvidar es de cobardes, el que olvida muere o mata. La memoria es lo único que somos. Olvidar no es de mujeres ni de hombres. Olvidar no es de vivos. Olvidar es de sobrevivientes…
Hay una mujer en una cama. Una ventana abierta y una luna. Aúlla un perro y un gato le contesta. La mujer se sienta en la cama y saca sus pechos por la ventana. La mujer no puede dormir. En la cama hay un perro de peluche y un erizo sin púas, de vez en cuando los abraza.
La mujer tiene sed y se levanta, por el pasillo tropieza con el llanto. Llega a la nevera y la abre, saca un cartón de agua solán de cabras. Antes de cerrar la nevera mira el congelador sin puerta, dentro, como un amasijo de nieve y plástico está su corazón. Piensa deprisa como un rayo: - Debería estar yo ahí dentro y mi corazón aquí fuera...
Él sonrió y me explicó: “Un sabio griego, hace muchos años, observó que la misma estaca, a la misma hora del día, proyectaba sombras de diferente longitud en lugares también distintos. Ese detalle le bastó para sostener que la Tierra es redonda.
Ocurre algo parecido con el amor. Pasiones gemelas, atracciones iguales, proyectan sombras diferentes en cada día que se disfrutan. El amor no es dos veces el mismo. Esto demuestra que es esférico; que no existe el abismo final de los mundos planos. Podemos recorrerlo una vez, y otra, y otra. Y, si lo recorremos mucho, todo lo que vamos a conseguir es regresar al punto de partida. Después de una larga jornada, amar de nuevo como amamos en un tiempo tan pretérito que ni siquiera lo recordamos.
El destino es caminar sobre la piel del amor, proyectar en ella nuestra sombra, cada vez distinta. Y disfrutar de cada dibujo.”
Ten cuidado con las palabras, incluso con aquellas milagrosas. Para las milagrosas hacemos lo mejor posible, a veces se enjambran como insectos y dejan no una picadura sino un beso. Pueden ser tan buenas como los dedos. Pueden ser tan confiables como la roca sobre la que apoyas tu trasero. Pero también pueden ser tanto margaritas como moratones.
Aún así, estoy enamorada de las palabras. Son palomas que caen del techo. Son seis naranjas sagradas posadas en mi regazo. Son los árboles, las piernas del verano, y el sol, su apasionado rostro.
Aún así, me fallan a menudo. Tengo tanto de lo que quiero decir, tantas historias, imágenes, proverbios, etc. Pero las palabras no son lo suficientemente buenas, las equivocadas me besan. A veces vuelo como un águila, pero con las alas de un gorrión.
Pero intento tener cuidado y de ser suave con ellas. Las palabras y los huevos deben ser tratados con cuidado. Una vez rotos, son cosas imposibles de reparar.
Dale vida a los sueños que alimentan el alma, no los confundas nunca con realidades vanas. Y aunque tu mente sienta necesidad, humana, de conseguir las metas y de escalar montañas, nunca rompas tus sueños, porque matas el alma.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco, no los dejes que mueran de hastío, poco a poco, no les rompas las alas, que son de fantasía, y déjalos que vuelen contigo en compañía.
Dale vida a tus sueños y, con ellos volando, tocarás las estrellas y el viento, susurrando, te contará secretos que para ti ha guardado y sentirás el cuerpo con caricias, bañado, del alma que despierta para estar a tu lado.
Dale vida a los sueños que tienes escondidos, descubrirás que puedes vivir estos momentos con los ojos abiertos y los miedos dormidos, con los ojos cerrados y los sueños despierto.
A veces por supuesto usted sonríe y no importa lo linda o lo fea lo vieja o lo joven lo mucho o lo poco que usted realmente sea
sonríe cual si fuese una revelación y su sonrisa anula todas las anteriores caducan al instante sus rostros como máscaras sus ojos duros frágiles como espejos en óvalo su boca de morder su mentón de capricho sus pómulos fragantes sus párpados su miedo
sonríe y usted nace asume el mundo mira sin mirar indefensa desnuda transparente
y a lo mejor si la sonrisa viene de muy de muy adentro usted puede llorar sencillamente sin desgarrarse sin desesperarse sin convocar la muerte ni sentirse vacía
llorar sólo llorar
entonces su sonrisa si todavía existe se vuelve un arco iris.
“Y si llueve saldremos a la lluvia a lavar las vidas que van acumulando mugre de palo de gallinero. Tanta mentira, tanto fingir, tanto desastre”. Con estas palabras arranca Manolo García su nuevo álbum "Saldremos a la lluvia", que se ha publicado hoy, 13 de mayo.
... ya está escuchado y es... muy bueno... ¡no podía ser de otro modo! ...
Y si llueve saldremos a la lluvia a lavar las vidas que van acumulando mugre de palo de gallinero. Tanta mentira, tanto fingir, tanto desastre...
Desnudos sobre el mascarón de proa lamiendo con la punta de la lengua el tinte que desprende la máscara. Si arrecia el viento norte abajo telas, calzarse botas y esgrimir las hachas. Sobre la superficie caminamos; que sobre la superficie nos salvamos.
No sólo pueden ellos. Y mejor si no hay motores. Tenemos velas. No solo pueden ellos. Y mejor si no hay motores. Tenemos velas. Bajo nosotros los huesos y las piedras que son los sedimentos de nuestra incierta gloria.
Y si llueve saldremos a la lluvia a vaciar el semillero de sonrisas y esperar cosecha. En la silla de parar las prisas. Tanto correr, tanto asentir, tanto quemarse...
El viento te traerá nuevos encuentros, amores nuevos y una vida dulce, más plena cuanto menos soberbia. Si arrecia el viento norte, abajo velas. Calzarse botas y enarbolar hachas. Sobre la superficie nos salvamos desde lo más profundo; respirando.
No solo pueden ellos. Y mejor si no hay motores. Tenemos velas. Bajo nosotros, los huesos y las piedras que son los sedimentos de nuestra incierta gloria. Bajo nosotros, tejidos los momentos que manan de la calma. Lo único que cuenta.
No solo pueden ellos. Y mejor si no hay motores. Tenemos velas. No solo pueden ellos. Y mejor si no hay motores. Tenemos velas. Bajo nosotros, las huellas y las piedras serán el rudimento de nuestra incierta gloria. Bajo nosotros, tejidos los momentos que manan de la calma. Lo único que cuenta...
En algún lugar al que nunca he viajado, alegremente más allá de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio: en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean, o que no puedo tocar porque están demasiado cerca
tu mirada más leve fácilmente me abrirá aunque me haya cerrado como un puño, tú me abres siempre, pétalo por pétalo, como la Primavera abre (tocando con habilidad, misteriosamente) su primera rosa
o si tu deseo es cerrarme, yo y mi vida nos cerraremos con hermosura, de pronto, como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve, cuidadosamente, cayendo por doquier;
nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala el poder de tu intensa fragilidad, cuya textura me obliga con el color de sus campos, trayendo muerte para siempre con cada respiración
(no sé qué hay de ti que cierra y abre; solo algo en mi entiende que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas) nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.
En la gran claridad del día, el sosiego de los ruidos es también de oro. Hay suavidad en lo que sucede. Si me dijesen que había guerra, yo diría que no había guerra. En un día así, nada puede haber que pese sobre el no haber más que suavidad.
Bob Marley tenía una idea, era una idea más propia de un biólogo, creía que se podía curar el racismo y el odio, curarlo literalmente, inyectando música y amor en las vidas de la gente.
Un día, cuando iba a tocar en un concierto por la paz, unos matones se presentaron en su casa y le pegaron un tiro. Dos días más tarde se subió al escenario a cantar.Alguien le preguntó que por qué, a lo que respondió:
Los que intentan hacer de este mundo un lugar peor no se toman ningún día libre… ¿Por qué iba a hacerlo yo?...
Hay que iluminar la oscuridad…
en
"Soy Leyenda"
...
Ahora la intención era colocar aqui la canción "Redemption song" de Bob Marley, una canción que en su letra dice cosas como: "... Todo lo que siempre he tenido son canciones de libertad. ¿Nos ayudas a cantar estas canciones de libertad? Porque es todo lo que tengo, canciones redentoras... Emanciparte de tu esclavitud mental, nadie excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes... Cuánto tiempo más matarán nuestros profetas mientras nos quedamos mirando a otro lado... Todo lo que tengo, canciones redentoras, estas canciones de libertad, canciones de libertad"
Pero, siguiendo el espiritu de fusión y mestizaje, hay una versión de "Redemption song" cantada por Ziggy, hijo de Bob Marley, acompañado por el grupo de flok irlandés, "The Chieftains"... Un reggae con ritmo celta... La música une.
Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos.
Los libros... hacen a cada persona diferente de todas las demás porque se dirigen a lo que cada uno de nosotros tiene de único: leemos para eso, para aprender a vivir una vida propia y libre, y para imaginar, valorar e intentar comprender por qué los demás son diferentes. (...) Hoy predomina, sin embargo, el pensamiento de chalet adosado: la obligación de pensar dentro de una urbanización donde todos tienen el mismo coche, el mismo jardín, la misma ropa y el mismo sueldo. Si nunca sales de ahí, ¿cómo no vas a tener miedo a lo que es distinto? Leer es un medio de transporte: la forma más rápida de salir de casa y de tu propia cabeza. Nos enseña cómo viven los demás. Nos enseña a no tener miedo a la diferencia, ni miedo a ser nosotros mismos.
Silba el viento dentro de mí. Estoy desnudo. Dueño de nada, dueño de nadie, ni siquiera dueño de mis certezas, soy mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que me golpea la cara.
Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo. Plantaré un árbol en medio de la calle, y crecerá ante el asombro de los paseantes: criaré pájaros que nunca volarán a otros árboles, y se quedarán a cantar ahí en medio del ruido y la indiferencia. Crecerá un océano en la ventana. Pero esta vez no me aburriré de sus mares, y las gaviotas volverán a volar en círculos sobre mi cabeza. Habrá una cama y un sofá debajo de los árboles para que descanse la lumbre de sus olas.
Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo. Así podré ver el cielo y la gente que pasa sin hablarme, y aquellos buitres de la muerte que vuelan sin poder sacarme el corazón. Esta ventana alumbrará mi soledad. Podría inclusive abrir otra en medio del mar, y solo vería el horizonte como una luciérnaga con sus alas de cristal. El mundo quedaría lejos al otro lado de la arena, allá donde vive la soledad y la memoria. De cualquier manera es inevitable que construya una ventana, y sobre todo ahora que ya no escribo ni salgo a caminar como antes bajo los pinos del desierto, aun cuando este día parece propicio para descubrir los terrenos insondables.
Voy a construir una ventana en medio de la calle. Vaya absurdo, me dirán, una ventana para que la gente pase y te mire como si fueras un demente que quiere ver el cielo y una vela encendida detrás de la cortina. Baudelaire tenía razón: el que mira desde afuera a través de una ventana abierta no ve tanto como el que mira una ventana cerrada. Por eso he cerrado mis ventanas y he salido a la calle corriendo para no verme alumbrado por la sombra.
El mejor momento del amor no es aquel en que se dice: «Te amo» Se halla en ese mismo silencio que está a punto de romperse todos los días. Está en la rápida y furtiva comprensión de los corazones. Está en los fingidos rigores y en las secretas indulgencias. Está en el estremecimiento del brazo en que se apoya la mano temblorosa, en esa página que volvemos juntos, pero que ninguno de los dos leemos. ¡Momento único, en que los labios callan y dicen tantas cosas con su pudor; en que se abre el corazón, estallando quedamente como un botón de rosa! En que el solo perfume de los cabellos parece un favor conquistado. ¡Momento de deliciosa ternura, en que el respeto mismo es una confesión!
Ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites, y me despiertas en la mitad del día para acostarme en tu recuerdo y eres furia de mi paciencia para mí, dime qué diablos hago, por qué te necesito, quien eres, muda, sola, recorriéndome, razón de mi pasión, por qué quiero llenarte solamente de mí, y abarcarte, acabarte, mezclarme a tus huesitos y eres única patria contra las bestias del olvido.
Cómo decir de pronto: tómame entre las manos, no me dejes caer. Te necesito: acepta este milagro. Tenemos que aprender a no asombrarnos de habernos encontrado, de que la vida pueda estar de pronto en el silencio o en la mirada. Tenemos que aprender a ser felices, a no extrañarnos de tener algo nuestro. Tenemos que aprender a no temernos y a no asustarnos y a estar seguros. Y a no causarnos daño.
Hoy, en la ciudad, todos, absolutamente todos, se levantaron con granos de azúcar en los labios. Pero sólo se dieron cuenta los que al despertarse, se besaron.
... que escibre cada día, lo que cada día hay que leer ....
La mirada oblicua es la que está atravesada por el error, la duda y la sospecha, es la que pone en cuestión lo que se mira o la que hace pensar en la posibilidad de otra respuesta a lo establecido, pensar que no hay verdades definitivas.
Fragmento de "Lecciones de extranjería"
Capítulo 11: José Saramago o la mirada de la invisibilidad
porque yo me desierto y tú me lluvias porque me océano y me balsas porque me otoño y tú me hojas porque me sótano y me alas por eso yo te músico y me músicas por eso yo te potro y tú me frutas y yo te marinero y me tabernas y yo te remolino y me lagunas por eso yo te circo y tú me infancias por eso te amarillo y me amarillas y te barco y me arenas y te astro y me noches y te buzo y me perlas y te campo y me flores por eso yo te viento y tú me crines por eso te crepúsculo y me auroras por eso yo te cielo y tú me golondrinas
Treinta africanos rescatados de una embarcación harapienta subieron a bordo de un crucero de lujo. Al principio se impuso la ley del mar, pero una vez realojados los náufragos e invitados a las mesas de los turistas, empezó a imperar la ley de la tierra.
Las turbinas del Europa se detuvieron con un sonido ronco. Sus 1.100 camarotes de lujo se escoraron levemente hacia estribor, donde se acumulaba el pasaje, movido por la curiosidad. Abajo, el oleaje amenazaba con hundir los restos de una embarcación harapienta, con 30 africanos a bordo. Alcanzaron la cubierta Windsor del crucero en buen estado físico, entre los aplausos y la emoción lógica de los pasajeros. El capitán les dio formalmente la bienvenida al Europa antes de hacer que se retiraran a descansar. "La ley del mar", pensó para sus adentros, "se escribe hoy con la caligrafía limpia de la solidaridad".
Pero pronto comenzaron los problemas. Un delegado de la compañía trasladó su preocupación al capitán de la nave. Sólo quedan libres cabinas de primera clase y cinco suites en la cubierta Neptuno. El capitán no alcanzaba a ver el problema, así que tuvieron que explicárselo. Puede que al pasaje no le parezca bien que, sin haber pagado, los africanos se alojen en camarotes de categoría superior a la de los suyos. Tal vez deberían trasladar a algunos de los pasajeros de clase turista a las de lujo y alojar a los náufragos en los camarotes que queden vacíos. El capitán trató de recordar qué decía la ley del mar al respecto, pero no consiguió recordarlo.
El departamento de relaciones públicas de la compañía se reunió con carácter de emergencia en su sede de Ginebra. No podían permitir que los inmigrantes caminaran en harapos por el crucero, por lo que miembros de la tripulación les acompañaron a las boutiques de la cubierta Milano, donde cada uno de ellos podría elegir una camisa, un pantalón y algo de calzado. Elegantemente vestidos de Armani y Ralph Laurent, paseaban por las cubiertas del Europa, ya recuperados. En los ojos del pasaje reconocieron el respeto, la conmiseración y el miedo. Les hicieron muchas fotografías, y en todas sonrieron.
Los náufragos fueron repartidos esa noche entre las mesas de los invitados, en las que fueron recibidos con diversos grados de entusiasmo. Un experto en materia de inmigración, que disfrutaba de unas merecidas vacaciones con su esposa e hijos, explicaba a Khaled, mientras servían los entrantes, la necesidad de las leyes de extranjería y los cupos de entrada, los efectos de los planes de regulación a medio y largo plazo y las perniciosas consecuencias del efecto llamada, pero Khaled no parecía comprenderle y se disculpaba por ello; a fin de cuentas, nunca recibió educación, una guerra partió en dos su adolescencia, y la miseria en su país hizo que nunca antes pudiera salir al extranjero.
En todo caso, en la mayor parte de las mesas se estuvo de acuerdo en que era la necesidad la que les hacía arriesgarlo todo en el mar, y hubo consenso en cuanto a lo necesaria que era su presencia en nuestros países. A fin de cuentas, se dijo también, alguien tiene que hacer el trabajo de mierda que nadie quiere hacer ya en Europa. Y además elevan nuestro índice de natalidad, añadió alguien en otra mesa, comentario éste que obtuvo la aprobación de todos.
Los problemas empezaron cuando comenzaron a comerse el paté con mermelada que el servicio del barco repartió por las mesas. Y no hicieron más que agudizarse cuando la hija adolescente de un empresario francés comenzó a mostrarse más atraída de lo que la ley del mar recomienda por la ingenua voracidad de Adewale, un subsahariano musculoso de piel negra, casi azul, al que la camisa Ralph Laurent le sentaba, y en eso hubo también consenso, más que bien. "Me parece bien que eleven nuestro índice de natalidad, pero no a costa de mi hija", debió de pensar la madre de la atractiva joven antes de cambiarla de asiento, alejándola de las aguas territoriales del africano y su poderosa influencia.
Para los postres, mientras el capitán daba la bienvenida a los recién llegados al Europa con un micrófono, el equipo de relaciones públicas reorganizaba las mesas agrupando a todos los náufragos en una, con el único fin de evitar problemas de orden intercultural.
Los africanos disfrutaron así del postre en su particular gueto de hilo blanco. Luego fueron conducidos a la discoteca Rumor Latino. Allí, Adewale buscó los ojos de la hija del empresario francés y encontró sus manos. Se besaron en la cubierta Tudor, bajo una luna que impresionó al náufrago por lo mucho que se parecía a la que había dejado atrás, en el cielo de su país.
Mientras tanto, una delegación de pasajeros se reunía con el responsable de la compañía. "Una cosa es que les salvemos la vida, y otra, que se queden con nuestros jacuzzis y con nuestras hijas", vinieron a decirle, aunque utilizaron otras palabras. "La ley del mar está muy bien, pero interfiere con las leyes del mercado", resumió el comercial cuando planteó al capitán el nuevo escenario, así lo llamó él. Poco después, los inmigrantes eran trasladados a uno de los almacenes de carga del barco, donde pasarían su primera noche en el Primer Mundo.
Y a la ley del mar pronto le sucedió la ley de la tierra.
Todos en la cubierta Mare Nostrum aplaudieron a los inmigrantes mientras descendían, vestidos aún de Armani, por la pasarela del barco. Khaled sonreía agradecido, mientras sus grandes ojos oscuros veían frente a él a las autoridades locales que aguardaban en el muelle, y que pronto habrían de devolverles a su país en guerra.
Cuando allí le preguntan hoy cómo es Europa, Khaled nunca contesta: piensa que no le van a creer. Pero recuerda a menudo la tarde que les llevaron al puente de mando del Europa y preguntó al capitán hacia dónde iban cuando les encontraron. "A ninguna parte", respondió éste desconcertado. "El Europa es un crucero de placer", añadió, y aunque trató de evitarlo, sonó a disculpa. Khaled aceptó educadamente la explicación, pero no la comprendió. "A ninguna parte", pensó inquieto para sí: "los náufragos son ellos".
Cruzó el pasado en el camino y lo miraba y no podía llorar. Entre el crepúsculo y el alba no hizo otra cosa que dejarse llevar.
Y refulgiendo cual luciérnagas, caminando sin prisa sobre el tiempo, huyen de un mundo material, son espíritus barridos por el viento.
Y ahora van hacia su abstracción, dales sólo paz y una sonrisa, cielo abierto y aire para respirar.
Caen las estrellas de su manto, verdean los campos a un resquicio de luz, la pradera ahora es su casa donde la espiga brota entre la flor.
Si les miente la vida se hacen parapetos con poemas.
Un día color de melocotón, cuando todos seamos libres, cuando las piedras se puedan comer y ya nadie sea más que nadie, canta por mí si no estoy yo aquí...
Viene el día en que seremos puros como un cielo de verano sobre el mar. Cantaré por tí si no estás tú aquí...
Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad. Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco. Que no se enoje la felicidad por considerarla mía. Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria. Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado por alto a cada segundo. Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo el primero. Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa. Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo. Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco de un minué. Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño a las cinco de la mañana. Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces. Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua. Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula, inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre, absuélveme, aunque fueras un ave disecada. Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa. Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas. Verdad, no me prestes demasiada atención. Solemnidad, sé magnánima conmigo. Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola. No me acuses, alma, de poseerte pocas veces. Que me perdone todo por no poder estar en todas partes. Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas. Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido. Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.
Eres mi espejo: tu miedo, tu esperanza, tu necesidad de espacio, tus dudas, tu búsqueda, tu fuerza, tu anhelo, tu amor, tu compromiso, tu valentía son los míos.
Un amor más allá del amor, por encima del rito del vínculo, más allá del juego siniestro de la soledad y de la compañía. Un amor que no necesite regreso, pero tampoco partida. Un amor no sometido a los fogonazos de ir y de volver, de estar despiertos o dormidos, de llamar o callar. Un amor para estar juntos o para no estarlo pero también para todas las posiciones intermedias. Un amor como abrir los ojos. Y quizá también como cerrarlos.
El más bello de los mares es aquel que no hemos visto. La más linda criatura todavía no ha nacido. Nuestros días más hermosos aún no los hemos vivido. Y lo mejor de todo aquello que tengo que decirte todavía no lo he dicho.
"Un grupo de guardias fue a buscarlo y él le pasó el papelito a un compañero, que lo escondió en el calcetín mientras se lo llevaban. Cada uno de los amigos intentó aprenderse de memoria el poema a medida que era escrito para poder sacarlo del estadio. No volvieron a ver a Víctor"
…
Introduccion Joan Jara:
" ... Cuando más adelante me trajeron el texto del último poema de Victor, supe que él queria dejar su testimonio, su único medio de resistir ahora al fascismo, de luchar por los derechos de los seres humanos y por la paz."
Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fabricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
Magda recorta palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En cajas rojas guarda las palabras furiosas. En caja verde, las palabras amantes. En caja azul, las neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia. A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá.
Los pemones de la Gran Sabana llamán al rocío Chiriké-yeetakuú, que significa Saliva de las Estrellas; a las lágrimas Enú-parupeú, que quiere decir Guarapo de los Ojos; y al corazón Yewán-enapué: Semilla del Vientre.
Los waraos del delta del Orinoco dicen Mejokoji (El Sol del Pecho) para nombrar al alma. Para decir amigo dicen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón. Y para decir olvidar dicen Emonikitane, que quiere decir Perdonar.
Los muy tontos no saben lo que dicen, Para decir tierra dicen madre. Para decir madre dicen ternura. Para decir ternura dicen entrega. Tienen tal confusión de sentimientos, que con toda razón, las buenas gentes que somos les llamamos salvajes.
Había una vez un hombre que vivía cinco minutos en el futuro.
Cinco minutos y nada más que cinco minutos adelantado en relación al resto de los vientos y de las mareas, de las personas y de los animales de este planeta.
No es que semejante don le sirviera demasiado. No podía, por ejemplo, ganar fortunas en las carreras de caballos ni en la lotería. Tampoco hacerse rico iluminando profecías importantes. Cinco minutos era muy poco tiempo.
Apenas saber que en cinco minutos iba a empezar a llover; que su insoportable primo golpearía a la puerta y el tiempo justo para apagar todas las luces; que el asesino era este y no aquél en esa novela policial o en esa película; que ella iba a llamar por teléfono para regalarle o mentirle aquello que esperaba desde hacía mucho más que cinco minutos.
Contar cinco veces hasta sesenta. Contar hasta trescientos. Contar despacio como si se contaran postes de electricidad en el camino, autos, latidos de corazón, golpes.
El día en que el hombre que vivía cinco minutos en el futuro salió a la calle gritando que el mundo había llegado a su fín nadie le creyó, claro; pero tampoco tuvieron demasiado tiempo para reírse del hombre que vivía cinco minutos en el futuro.
(Fragmento de una conferencia leída en el Ateneo de Madrid, el año 1921).
Aparte de la significación gramatical del lenguaje, hay otra, una significación mágica, que es la única que nos interesa. Uno es el lenguaje objetivo que sirve para nombrar las cosas del mundo sin sacarlas fuera de su calidad de inventario; el otro rompe esa norma convencional y en él las palabras pierden su representación estricta para adquirir otra más profunda y como rodeada de un aura luminosa que debe elevar al lector del plano habitual y envolverlo en una atmósfera encantada.
En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Esa es la palabra que debe descubrir el poeta.
La poesía es el vocablo virgen de todo prejuicio; el verbo creado y creador, la palabra recién nacida. Ella se desarrolla en el alba primera del mundo. Su precisión no consiste en denominar las cosas, sino en no alejarse del alba.
Su vocabulario es infinito porque ella no cree en la certeza de todas sus posibles combinaciones. Y su rol es convertir las probabilidades en certeza. Su valor está marcado por la distancia que va de lo que vemos a lo que imaginamos. Para ella no hay pasado ni futuro.
El poeta crea fuera del mundo que existe el que debiera existir. Yo tengo derecho a querer ver una flor que anda o un rebaño de ovejas atravesando el arco iris, y el que quiera negarme este derecho o limitar el campo de mis visiones debe ser considerado un simple inepto.
El poeta hace cambiar de vida a las cosas de la Naturaleza, saca con su red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrado, tiende hilos eléctricos entre las palabras y alumbra de repente rincones desconocidos, y todo ese mundo estalla en fantasmas inesperados.
El valor del lenguaje de la poesía está en razón directa de su alejamiento del lenguaje que se habla. Esto es lo que el vulgo no puede comprender porque no quiere aceptar que el poeta trate de expresar sólo lo inexpresable. Lo otro queda para los vecinos de la ciudad. El lector corriente no se da cuenta de que el mundo rebasa fuera del valor de las palabras, que queda siempre un más allá de la vista humana, un campo inmenso lejos de las fórmulas del tráfico diario.
La Poesía es un desafío a la Razón, el único desafío que la razón puede aceptar, pues una crea su realidad en el mundo que ES y la otra en el que ESTÁ SIENDO.
La Poesía está antes del principio del hombre y después del fin del hombre. Ella es el lenguaje del Paraíso y el lenguaje del Juicio Final, ella ordeña las ubres de la eternidad, ella es intangible como el tabú del cielo.
La Poesía es el lenguaje de la Creación. Por eso sólo los que llevan el recuerdo de aquel tiempo, sólo los que no han olvidado los vagidos del parto universal ni los acentos del mundo en su formación, son poetas. Las células del poeta están amasadas en el primer dolor y guardan el ritmo del primer espasmo. En la garganta del poeta el universo busca su voz, una voz inmortal.
El poeta representa el drama angustioso que se realiza entre el mundo y el cerebro humano, entre el mundo y su representación. El que no haya sentido el drama que se juega entre la cosa y la palabra, no podrá comprenderme.
El poeta conoce el eco de los llamados de las cosas a las palabras, ve los lazos sutiles que se tienden las cosas entre sí, oye las voces secretas que se lanzan unas a otras palabras separadas por distancias inconmensurables. Hace darse la mano a vocablos enemigos desde el principio del mundo, los agrupa y los obliga a marchar en su rebaño por rebeldes que sean, descubre las alusiones más misteriosas del verbo y las condensa en un plano superior, las entreteje en su discurso, en donde lo arbitrario pasa a tomar un rol encantatorio. Allí todo cobra nueva fuerza y así puede penetrar en la carne y dar fiebre al alma. Allí coge ese temblor ardiente de la palabra interna que abre el cerebro del lector y le da alas y lo transporta a un plano superior, lo eleva de rango. Entonces se apoderan del alma la fascinación misteriosa y la tremenda majestad.
Las palabras tienen un genio recóndito, un pasado mágico que sólo el poeta sabe descubrir, porque él siempre vuelve a la fuente.
El lenguaje se convierte en un ceremonial de conjuro y se presenta en la luminosidad de su desnudez inicial ajena a todo vestuario convencional fijado de antemano.
Toda poesía válida tiende al último límite de la imaginación. Y no sólo de la imaginación, sino del espíritu mismo, porque la poesía no es otra cosa que el último horizonte, que es, a su vez, la arista en donde los extremos se tocan, en donde no hay contradicción ni duda. Al llegar a ese lindero final el encadenamiento habitual de los fenómenos rompe su lógica, y al otro lado, en donde empiezan las tierras del poeta, la cadena se rehace en una lógica nueva.
El poeta os tiende la mano para conduciros más allá del último horizonte, más arriba de la punta de la pirámide, en ese campo que se extiende más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de la vida y de la muerte, más allá del espacio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia.
Allí ha plantado el árbol de sus ojos y desde allí contempla el mundo, desde allí os habla y os descubre los secretos del mundo.
Hay en su garganta un incendio inextinguible.
Hay además ese balanceo de mar entre dos estrellas.
Y hay ese Fiat Lux que lleva clavado en su lengua.
La mendiga bajaba siempre a la misma hora y se situaba en el mismo tramo de la escalinata, con la misma enigmática expresión de filósofo del siglo diecinueve. Como era habitual, colocaba frente a ella su paltillo de porcelana de Sérves pero no pedía nada a los viandantes. Tampoco tocaba quena ni violín, o sea que no desafinaba brutalmente como los otros mendigos de la zona.
A veces abría su bolsón de lona remendada y extraía algún libro de Hölderlin o de Kierkegaard o de Hegel y se concentraba en su lectura sin gafas.
Curiosamente, los que pasaban le iban dejando monedas o billetes y hasta algún cheque al portador, no se sabe si en reconocimiento a su afinado silencio o sencillamente porque comprendían que la pobre se había equivocado de época.
EN la trabazón de las palabras y los días, esmérate sin prisa. Cuanto menos parezca sonreírte la fortuna, más a salvo estarás de la calamidad.
SÓLO se vive una vez. ¿Existe peor contratiempo para un ser cuya condición esencial es la de principiante?
EL precio de avivar la conciencia estriba en el doloroso reconocimiento de su vanidad; cada paso en el camino de la sabiduría aumenta el horizonte de nuestra ignorancia.
EL deber: esa larga frontera con el resto del mundo, en la que cada uno recoge las señales de su propio destino.
¿QUÉ deuda salda en nosotros la escritura? ¿De qué sosegada diligencia nos hace defensores? ¿Qué extraña operación -perder el tiempo, perderse en el tiempo- pone en marcha? Presta siempre a descorazonarnos, ¿qué cultivamos en ella? ¿La sonrisa del silencio?
CAMINANDO con muletas, la desazón. Ciega, la inteligencia deja oír su cayado.
DE qué manera congenian en una sola personalidad las figuras, parejamente minusválidas, de escritor y editor: donde termina la desesperada vocación del uno, comienza el tortuoso oficio del otro.
TODOS los lugares donde se aprende están a la intemperie.
CADA muerte renueva el misterio de estar vivo. El misterio del fugitivo intercambio de los mortales con lo eterno.
El Premio Nobel de Literatura 2005 ha recaido en el dramaturgo Harold Pinter, el cual no pudó acudir a recoger el citado premio al entrarse hospitalizado recibiendo tratamiento contra un cáncer de esófago avanzado. Las nuevas tecnologías no impideron que su imagen, voz y palabra estuviese presente en el acto, ya que su discurso de agradecimiento fué gabado en video y emitido en el acto de entrega de premios. Como dicen en determinado artículo de opinión (Luis de velasco)... "En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, el dramaturgo inglés Harold Pinter se hizo acreedor a recibir también otro Premio Nobel todavía inexistente y muy peligroso: el de la verdad"... y es que en el discurso hace una crítica precisa a la política exterior de Estados Unidos, a su acto de violencia internacional contra Irak, cítica la actitud "corderil" del Gobierno Británico, y afirma que al lenguaje político sólo le interesa la conservación del poder, nunca la busqueda de la verdad. "Y para lograr ese objetivo, lo primordial es mantener al pueblo en la ignorancia, escamoteándole la verdad, por omisión o pura y llanamente por la desinformación".
Pero ya que estamos... y aunque es difícil que elegir y entresacar del texto, no puedo dejar de colcocar aquí un par de fragmentos del discurso:
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La invasión de Irak ha sido un acto de bandidos, un evidente acto de terrorismo de estado, demostrando un desprecio absoluto por el concepto de leyes internacionales. La invasión fue una acción militar arbitraria basada en una serie de mentiras sobre mentiras y burda manipulación de los medios y, por consiguiente, del publico; un acto con la intención de consolidar el control económico y militar de Estados Unidos sobre Oriente Medio camuflado – como ultimo recurso – todas las otras justificaciones han caído por ellas mismas – como una liberación. Una formidable aseveración de la fuerza militar responsable de la muerte y mutilación de cientos y cientos de personas inocentes.
Hemos traído tortura, bombas racimo, uranio empobrecido, innumerables actos de muerte aleatoria, miseria, degradación y muerte para el pueblo Iraqui y lo llamamos “llevar la libertad y la democracia a Oriente Medio”.
¿Cuánta gente tienes que matar antes de ser considerado un asesino de masas y un criminal de guerra? ¿Cien mil? Más que suficiente, habría pensado yo. Por eso es justo que Bush y Blair sean procesados por el Tribunal Penal Internacional. Pero Bush ha sido listo. No ha ratificado al Tribunal Penal Internacional. Por eso si un soldado o político americano es arrestado Bush ha advertido que enviaría a los marines. Pero Tony Blair ha ratificado el Tribunal y por eso se le puede perseguir. Podemos proporcionarle al Tribunal su dirección si está interesado. Es el número 10 de Downing Street, Londres.
La muerte en este contexto es irrelevante. Ambos, Bush y Blair colocan la muerte bien lejos, en los números atrasados. Al menos 100.000 iraquíes murieron por las bombas y misiles americanos antes de que la insurgencia iraquí empezase. Estas personas no existen ahora. Sus muertes no existen. Son espacios en blanco. Ni siquiera han sido registrados como muertos. ’No hacemos recuento de cuerpos’, dijo el general americano Tommy Franks.
Al inicio de la invasión se publicó en la portada de los periódicos británicos una fotografía de Tony Blair besando la mejilla de un niño iraquí. ’Un niño agradecido’ decía el pie de foto. Unos días después apareció una historia con una fotografía, en una página interior, de otro niño de cuatro años sin brazos. Su familia había sido alcanzada por un misil. Él fue el único superviviente. ’¿Cuando recuperaré mis brazos?’ preguntaba. La historia desapareció. Bien, Tony Blair no lo tenía en sus brazos, tampoco el cuerpo de ningún otro niño mutilado, ni el de ningún cadáver ensangrentado. La sangre es sucia. Ensucia tu camisa y tu corbata cuando te encuentras dando un discurso sincero en televisión.
…/…
Sé que el presidente Bush tiene algunos escritores de discursos muy competentes pero quisiera prestarme voluntario para el puesto. Propongo el siguiente discurso breve que él podría leer en televisión a la nación. Le veo solemne, con el pelo cuidadosamente peinado, serio, confiado, sincero, frecuentemente seductor, a veces empleando una sonrisa irónica, curiosamente atractiva, un auténtico macho.
"Dios es bueno. Dios es grande. Dios es bueno. Mi dios es bueno. El Dios de Bin Laden es malo. El suyo es un mal Dios. El dios de Saddam también era malo, aunque no tuviera ninguno. Él era un bárbaro. Nosotros no somos bárbaros. Nosotros no decapitamos a la gente. Nosotros creemos en la libertad. Dios también. Yo no soy bárbaro. Yo soy el líder democráticamente elegido de una democracia amante de la libertad. Somos una sociedad compasiva. Electrocutamos de forma compasiva y administramos una compasiva inyección letal. Somos una gran nación. Yo no soy un dictador. Él, sí. Yo no soy un bárbaro. Él, sí. Y aquel otro, también. Todos lo son. Yo tengo autoridad moral. ¿Ves mi puño? Esta es mi autoridad moral. Y no lo olvides".
Es fecha de aniversario y casi todo el mundo le recuerda por una canción. Es curioso que el sistema asuma como himno pacifista una canción que pone en cuestión muchos de los valores de esta sociedad. Pero así son las cosas... Es más fácil quedarse con el estribillo, así los dirigentes políticos la tararean con velas en la mano, y hacer como que no se oyen diversas frases y convertirlo casi (mira tú por donde) en un himno religioso... ¡Si Lennon levantará la cabeza!
Quería ser culto, pero llegaba a casa agotado, sin ánimos para otra cosa que no fuera encender el televisor y narcotizarse con el menú del día. Mientras las imágenes penetraban en su ánimo como las orugas del anuncio por las fosas nasales, imaginaba otra vida en la que leía libros de los que tomaba apuntes en un cuaderno cuadriculado, con las tapas negras. Había oído hablar de un sabio que no tenía televisión e intentaba imaginar su existencia. Lo veía deambulando filosóficamente por las habitaciones de su casa, atento a todos y cada uno de los estímulos de la realidad. En ocasiones, apagaba el televisor e imitaba esa vida superior a la suya. Iba, por ejemplo, a la cocina, cogía un yogur de la nevera, y se lo tomaba intentando establecer una reflexión sobre la fecha de caducidad. Le parecía bien que imprimieran esa información en la tapa. Constituía un síntoma de países avanzados. ¿Pero era aquel pensamiento suyo sobre la fecha de caducidad una reflexión filosófica?
Un día, al salir de trabajar, entró en una librería. Una vez superado el miedo a que lo tomaran por un intruso (lo que era), tomó un volumen de filosofía al azar y leyó una página de la que no entendió nada. Esto deber ser la cultura, pensó, así que compró el libro, se fue a casa con él y se puso a leerlo en el sofá, frente al televisor mudo. A la media hora, se encontraba agotado. Aunque el libro estaba escrito en su propio idioma, tenía multitud de palabras que no comprendía. Tras decidir que al día siguiente se compraría un diccionario, cerró el volumen y encendió la televisión, por cuya pantalla empezaron a discurrir en seguida las orugas narcotizantes correspondientes al día y a la hora. El hombre colocó las piernas sobre la mesa y se dejó invadir por el dulce mal.
Una vez invadido, observó el volumen cerrado y tuvo una revelación: el libro, aun cuando no lo entendiera, era la vida, mientras que la televisión, a la que entendía, era la muerte, así que se levantó, arrancó el aparato de la estantería y lo escondió debajo de la pila, junto al lavavajillas. Luego comenzó a leer despacio aquellas páginas, moviendo la lengua dentro de la boca, sin entender nada. Y cuanto menos entendía, más sabio era. ¿Quién se lo explica?
Los inmigrantes subsaharianos que intentan dar el salto a Europa son los menos pobres de los pobres. Hay millones y millones que no se pueden ni mover, que se están muriendo de enfermedades que nosotros con una pastilla ya tenemos resueltas. Lo más importante en el mundo es poner un plato de comida a los más necesitados. Del resto, ya veremos. Lo que está pasando en África con las migraciones son los problemas reales: la pobreza, la falta de todo. Hay millones y millones de personas que no tienen nada.
La última película de Woody Allen, "Match Point", que parece totalmente la primera película de un nuevo Woody Allen, tiene como base de su Banda Sonora el aria "Una furtiva lágrima" de la ópera "El elixir de amor" de Gaetano Donizetti.
Dice así...
Nemorino
Una furtiva lágrima en sus ojos despuntó, a aquellas alegres jóvenes envidiar pareció. ¿Qué más buscando voy? ¿Qué más buscando voy?
Me ama, sí, me ama, lo veo, lo veo.
¡Un solo instante los latidos de su hermoso corazón sentir! Mis suspiros confundir por poco con sus suspiros. Los latidos, los latidos sentir, ¡confundir los míos con sus suspiros!
¡Cielos, se puede morir...! No pido más, no pido. ¡Ah! ¡Cielos, se puede, se puede morir...! No pido más, no pido. Se puede morir... ¡Se puede morir de amor!
Las palabras, como manadas de peces, pululan en nuestra cabeza y se agolpan en las cuerdas vocales, pugnando por salir y por ser escuchadas por los demás. Y, a veces se pierden en ese camino entre la cabeza y la garganta. Ahí están todas esas palabras perdidas, que durante mucho tiempo vagan en un limbo de silencio (y malentendidos y errores y pasado y dolor) y un día salen a borbotones y cuando empiezan a salir ya nada puede pararlas.
Ella le mira. Él la mira. Los dos se miran y no se dicen nada. Cuando la película está a punto de acabar, ella le pregunta qué le apetece cenar. Pasan unos segundos, quizá demasiados para una pregunta tan fácil, y cuando ella cree que no va a obtener respuesta alguna, la voz de él, que se alza sobre la tenue música del final y de los títulos de crédito, le responde que sopa.
Él cambia de canal. Ella se levanta, va hacia la cocina y pone al fuego una gran olla verde oscuro. Mientras espera que el caldo amarillo rompa a hervir, enciende la radio que tiene fija en la mesa de la cocina y las palabras de uno, de muchos, de todos acaban inundando el blanco espacio de la cocina. A los pocos minutos, del líquido amarillo comienzan a brotar pequeñas burbujas. Ya está hirviendo. Ella, en silencio, abandona las palabras de la radio, abre uno de los armarios blancos y coge un bote repleto de diminutas letras secas. Esparce un gran montón sobre el frío mármol de la encimera y rápidamente, con una enorme destreza, las separa por grupos y comienzan a nacer sustantivos, verbos, conjunciones, preposiciones, números, adjetivos, nombres propios. Cuando tiene delante todas las palabras que le hacen falta, las va agrupando por orden, una detrás de otra, hasta que logra hacer una bonita y larga frase que en realidad no es suya, sino que la leyó por la mañana en un libro de poesía. Sabe que a él, si ella tuviera el valor necesario para pronunciarlas en voz alta y él le prestase algo de atención, le conmoverían este par de hermosos versos. Pero la vida no es perfecta y ella se conforma con echar esas letras en la gran olla verde oscuro y esperar que pasen unos minutos.
Con ojos soñadores y el corazón alegre, vuelve a las conversaciones de la radio y sonríe ante la cantidad de palabras que algunas personas son capaces de pronunciar en sólo unos instantes. Apaga el fuego y, con una destreza envidiable, consigue que todas las letras de la olla caigan sobre el mismo plato. Lleva la cena a la mesa. El televisor, siempre encendido, continúa escupiendo palabras peligrosas, amenazantes, repletas de malos presagios. Él, que no aparta la vista de las noticias, se levanta del sofá y se sienta a la mesa. Remueve con la cuchara la ingente cantidad de letras, la mira de reojo y, en silencio, se pregunta por qué demonios no podrá poner nunca la sopa con fideos.
Subsahariano: subespecie humana. Medio de transporte: pies y pateras. Motivación básica: el hambre. Objetivos: comer. Estudios: de supervivencia. Color: más bien negro. Obstáculos en el futuro: el oleaje en alta mar y la valla de Melilla que será de seis metros. Vacaciones: ¿qué son vacaciones? Pasatiempos: que no te devuelvan a tu país. Mascotas: parásitos de todo tipo que te cobran por respirar. Viajes: cruzar el Estrecho como sea.
Norsahariano: superespecie humana. Medio de transporte: coche, barco, avión, moto de agua, esquís. Motivación básica: los inteligentes, ser felices; la mayoría, comprar, tener, ambicionar. Objetivos: los listos, tocar madera y tener salud; la mayoría, más dinero, un ascenso, tener más pecho, adelgazar, dejar de fumar. Estudios: idiomas, informática y catar vinos. Color: sobre todo, blanquito. Obstáculos en el futuro: para el del Madrid, ganar la décima. Vacaciones: por ley. Pasatiempos: videojuegos y no deprimirse. Mascotas: perros, gatos, hámster, canarios. Viajes: una semana en el Caribe o ir a Londres para comprar esa cazadora divina de la muerte.
Los seres humanos somos todos iguales ante los ojos de... un ciego.
Uno quiere pasar un rio a nado y pasa; pero va a dar en la otra orilla en un punto mucho más abajo; bien diferente del que en principio se pensó. Vivir, ¿No es peligroso?
Quedábamos para romper platos, vasos, jarras, vajilla en general. Hay gente que se droga para matar el estrés, juega al tenis, escala, se deja el sueldo en las máquinas, maltrata a su pareja, sube y baja montañas, vomita, grita, va al terapeuta. Nosotros rompíamos platos. Nunca faltaban, teníamos habitaciones llenas, pasillos, escaleras, trasteros y garajes. Hasta que nos embargaron el centro por un problema de impagos. Desde entonces me drogo, juego al billar, hago barrancos, juego al bingo, maltrato psicológicamente a mi novio y, abiertamente, aunque alguna vez me desquite en casa con un par de platos, soy menos feliz.
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas
defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría.
Si conociéramos el punto donde va a romperse algo, donde se cortará el hilo de los besos, donde una mirada dejará de encontrarse con otra mirada, donde el corazón saltará hacia otro sitio, podríamos poner otro punto sobre ese punto o por lo menos acompañarlo al romperse.
Si conociéramos el punto donde algo va a fundirse con algo, donde el desierto se encontrará con la lluvia, donde el abrazo se tocará con la vida, donde mi muerte se aproximará a la tuya, podríamos desenvolver ese punto como una serpentina o por lo menos cantarlo hasta morirnos.
Si conociéramos el punto donde algo será siempre ese algo, donde el hueso no olvidará a la carne, donde la fuente es madre de otra fuente, donde el pasado nunca será pasado, podríamos dejar sólo ese punto y borrar todos los otros o guardarlo por lo menos en un lugar más seguro.
Me siento como si viviese dentro de una nube. Blanca. Cierro los ojos y me dejo arrastrar. Por el viento.
Es imprevisible el destino de una nube. Puede dar varias veces la vuelta al mundo. O deshacerse contra la montaña más próxima. Pero eso, en nada parece afectarlas. Afectarme.
Vivo dentro de una nube, cuyo destino es andar errante. Y cuyos límites son no tener límites.
En mitad de una gélida noche de crudo invierno, el gran lobo se despertó bruscamente; aterrorizado, profiriendo un fuerte pero entrecortado aullido. Estaba sudando, desorientado y con el pelaje erizado. Le costó darse cuenta de que estaba a salvo, en su guarida, con el resto de la manada que dormía plácidamente. Había tenido una pesadilla. Había soñado con el hombre.
El hombre divisó a lo lejos las primeras luces del pueblo. Caminaba y era ya de noche. Al entrar al caserío, fue directamente a la taberna. Entró y todos lo miraron. El también miró a todos. Después se sentó a observar, en el rincón más oportuno, lo qué hacían los demás y cómo lo hacían y qué es lo que hablaban tanto. Una hora más tarde salió a la calle, decepcionado, sabiendo que nadie de allí sería capaz de decirle de qué color es la lluvia.
Tengo una mala noticia no fue de casualidad yo quería que nos pasara... y tu, y tu lo dejaste pasar
No quiero que me perdones y no me pidas perdón no me niegues que me buscaste nada nada de esto nada de esto fue un error nada fue un error nada de esto fue un error
Los errores no se eligen para bien o para mal no fallé cuando viniste... y tu, y tu no quisiste fallar
Aprendí la diferencia entre y juego y el azar quien te mira y quien se entrega nada nada de esto nada de esto fue un error nada fue un error nada de esto fue un error
... ...
El pasado viernes en EP3 publicaban una entrevista conjunta realizada a Leonardo Sbaraglia y Coti Sorokin y una de las preguntas era:
* ¿Con quién cometerías un error?
Coti: Hay tantos errores para cometer...
pero mejor fue la respuesta de Leonardo Sbaraglia...
Sbaraglia: ¿Como en la canción "Nada fue un error"? Arriesgarse implica poder equivocarse, y eso es mejor hacerlo con gente que uno quiere.
Que fácil es agitar un pañuelo a la tropa solar del manifiesto marxista y la historia del hambre que fácil es suspirar ante el gesto del hombre que cumple un deber y regalarle ropitas a la pobrecita hija del chofer que fácil de enmascarar sale la oportunidad.
Que fácil es engañar al que no sabe leer cuántos colores, cuántas facetas tiene el pequeño burgués.
Que fácil es trascender con fama de original pero se sabe que entre los ciegos el tuerto suele mandar que fácil de apuntalar sale la vieja moral que se disfraza de barricada de los que nunca tuvieron nada qué bien prepara su mascara el pequeño burgués.
Viva el harapo señor y la mesa sin mantel viva el que huela a callejuela a palabrota y taller.
Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir la caravana en harapos de todos los pobres desde un mantel importado y un vino añejado se lucha muy bien desde una mesa gigante y un auto elegante se sufre también en un amable festín se suele ver combatir.
Si fácil es abusar más fácil es condenar y hacer papeles para la historia para que te haga un lugar.
Que fácil es protestar por la bomba que cayó a mil kilómetros del ropero y del refrigerador que fácil es escribir algo que invite a la acción contra tiranos, contra asesinos contra la cruz o el poder divino siempre al alcance de la vidriera y el comedor.
Viva el harapo señor y la mesa sin mantel viva el que huela a callejuela a palabrota y taller.
Un libro de poesía, un millón de palabras construyendo un universo donde las matemáticas descubren que el infinito se termina, un sistema solar donde la rima nombra los planetas y las estrellas usan como combustible la metáfora. Un libro de poesía donde ninguna coma está en su sitio, ningún acento convierte a las palabras en esdrújulas, llanas o graves, y todas las ideas reclaman la belleza. Un libro de poesía en la mañana, en la hierba, en la basura, en el árbol, en la carretera, en el andén, en la mirada, en el saludo, en el amor, en el tango de Discépolo, en lo vivo y en lo inerte. Un libro de poesía en el escaparate, en el bolso de Graciela, en Mar de Plata, en Montevideo, en Nueva York, en Venecia, en Madrid, en Torrevieja.
Un libro de poesía, una anarquía, un desafío, una flecha en la diana, un salir el sol por sotavento. Un libro de poesía en esta tarde de enero donde el invierno se recuesta en la nieve de la sierra y afila sus cuchillos en el aire helado. Un libro de poesía que no trata de explicarse y se sirve una cerveza y escoge la vida como telón de fondo de su vida.
Un libro de poesía en la ventana. Un sueño asonantado y desmedido. Un creer en ti cada palabra. Un libro de poesía donde el tiempo tiene el ritmo de un soneto, la levedad pueril de una seguidilla, el arte de vivir entres sus líneas.
Despierta la luz cuando se abre el tendero de la ropa al sol y una flor reclama para si el brillo de sus pétalos. Despiertan las ganas y los besos cuando cae al suelo la vergüenza y suena una bachata en el corrido. Despierta el océano en los ojos del marino, en la cubierta del velero, tras la última estela que abandona la bahía.
Restallan los látigos en la lejanía, golpean las pieles de la indiferencia. Lo poético siempre reclama los senderos de la mano izquierda, la heterodoxia, el alejamiento del corsé y la cobardía. La entrada en el ser con todas las consecuencias, poniendo sobre la mesa todas las verdades, todas las mentiras, todas las caras del personaje que nos habita.
Se mezclan en estas palabras lo sentido y lo sin sentido, lo barroco y lo sencillo, el azar y la brújula marcada, el rumbo desnortado y tu nombre concreto. Se entrecruzan lo literario y lo real donde acaba importando la música, la melodía de fondo, el ritmo interno de los párrafos, donde lo contado es la excusa necesaria para vernos.
Un libro de poesía en las hojas, un sólo libro de poesía para abandonar la soledad. Nómbremos ahora a Lorca, a Borges, a Neruda, a Celaya, a Hierro, a Parra, a Sabines. Digamos huele el mar a verso nuevo.
Un libro de poesía para ver las dos caras, el blanco y negro del mundo, para no quedar encerrado entre las paredes de lo que no cambia y no se estremece. Un libro de poesía para un beso portugués o un abrazo argentino, para un grito canario o una flor ecuatoriana, para una mariposa mexicana o una caricia cubana.
Un libro de poesía para declarar batalla a la desidia, para hallar los ojos, la lectura primera, el final jamás contado.
Adquiere la tarde los colores, el manto mestizo de todos los matices del atardecer. No es esta hora una hora para la mistica sino para el paganismo más absoluto, para el baile, para la ofrenda de los sentidos, para creerse uno con el aire, con las nubes, con los pájaros, con la muchedumbre. Es esta una hora para amar la vida que se escapa y se retuerce en el placer y la carcajada, para amar, sencillamente, el milagro, la conciencia, el don de lo hermoso, un cuerpo sobre la arena.
Gotea vino del cielo y tiñe de oscuro el horizonte. Llega la noche con su espuma lunar, con su apellido completo, con su pareja de baile. El puerto ilumina su espejo con farolas amarillas y la negritud retira su imperio mar adentro. El planeta juega a sus dos caras, noche, día, luz viajera y colosal, luz galopando hacia el oeste.
Un libro de poesía. Un libro de poesía para el ciego, para el amante, para el cornudo, para el que no quiere morir, para el solitario. Un libro de poesía para el soñador, para el cuerdo, para el loco, para el vivo, para el muerto. Un libro de poesía ¡por Dios! Que estoy borracho y con el alma herida.
Llevo treinta y seis años viviendo y me parecen tan sólo unos segundos. Aún no sé respirar, aún me nutre la misteriosa arteria de la vida. Respiro sin pulmones el Misterio. - Aún no saben que vivo -.
Todavía no he llorado. Me agitan y me azotan y no lloro. No sé decir ni una palabra. Pero me da por escribir en esta incómoda postura, desnuda me balanceo boca abajo.
Me sostiene un brazo razonable (el sistema), que explica imbécilmente mis segundos: - Ahora ha de llorar porque le duele, - Ahora