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psicotextos ...

*/ Saber sentir ...

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¿Quién sabe saber lo que ha sentido?


 

Fernando Pessoa

 

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*/ Felicidad ...

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Texto de Enrique Miret Magdalena
"La vida merece la pena ser vivida"
 

   

"La felicidad consiste en vivir sencillamente y con humor. Esta civilización nos está convirtiendo en seres tristes. Tenemos que reirnos más, incluso de nosotros mismos; ironizar sobre nuestros defectos. Tambien ayuda levantarse sin prisas y vivir el presente sin hacer planes demasiado idealistas".

 

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*/ Enfadarse ...

<strong><font size=4>*/ Enfadarse ...</strong></font>

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Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.



Aristóteles

"Ética a Nicómano"

 

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*/ La vida ...

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La vida es una comedia para quienes piensan
y una tragedia para quienes sienten.

 

Horace Walpole

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*/ Diez Mandamientos ...

<strong><font size=4>*/ Diez Mandamientos ...</strong></font>

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Los diez Mandamientos de la Inteligencia Emocional



 

1. No jugarás juegos de poder.
    Pide, en cambio, lo que deseas puede que lo obtengas.
2. No permitirás que jueguen contigo juegos de poder.
    No hagas nada que no quieras hacer por tu propia voluntad.
3. No mentirás por omisión ni por comisión.
    Excepto cuando esté en juego tu propia seguridad o la seguridad de los demás.
4. Defenderás lo que sientes y lo que deseas.
     Si no lo haces tú, es poco probable que otro lo haga.
5. Respetarás los sentimientos y los deseos de los demás.
    Esto no quiere decir que debas someterte a ellos.
6. Buscarás el valor de las ideas de los otros.
    Hay más de una manera de ver las cosas.
7. Te disculparás y enmendarás tus errores.
    Nada te hará crecer más que esto.
8. Desearás perdonar a los demás por sus errores.
    Haz por los demás lo que querrías que hiciesen por ti.
9. No aceptarás falsas disculpas.
    Valen menos que no disculparse.
10. Seguirás estos mandamientos según tu mejor juicio.
    Después de todo, no están escritos en piedra.

 

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*/ David no aguantó ser Brenda ...

<font size=4><strong>*/ David no aguantó ser Brenda ...</strong></font>

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Publicado en el suplemento de "El Mundo" - 15/05/2004

OLIVER BURKEMAN/GARY YOUNGUE


Hasta hace unos años, el nombre de David Reimer no le sonaba a nadie externo a su círculo inmediato, y para cuando se suicidó el pasado martes en circunstancias desconocidas en su aldea natal de Winnipeg (Canadá), ya se había tintado de matices oscuros, los de un nombre que pertenecía a un peculiar vecino de 38 años, un hombre separado de su mujer que se ofrecía a hacer pequeñas chapuzas, antiguo trabajador de un matadero a quien le gustaba ir de compras a los rastrillos y hacer arreglos en su coche. De hecho, para alguien interesado en el desarrollo de la psicología entre los años 70 y 80, la historia de la vida de Reimer habría resultado vergonzosamente infame.
Bajo el nombre de Brenda, David Reimer fue un conejillo de ’indias’ involuntario, junto con su hermano gemelo Brian (que se quitó la vida en 2002), en un experimento médico inicialmente muy famoso pero que se labró después una mala reputación, llevado a cabo por el médico de Baltimore (EEUU), John Money.

El destacado médico de EEUU intentó resolver, de una vez por todas, el peligroso debate entre naturaleza y educación y demostrar que el sexo de una persona es tan incierto al nacer que con un simple cambio en la práctica de su aprendizaje, junto con una sencilla operación quirúrgica, un chico podía convertirse en una chica mientras su hermano gemelo se desarrollaba en su cuerpo de hombre.

La idea era dividir en dos el mundo de la psicología sexual. Y tras 12 años de tratamiento traumático, seguido de otras dos décadas intentando reparar el daño causado, el ensayo llevó a David Reimer hacia su propia muerte.

«Fue una especie de lavado de cerebro», afirmó Reimer una vez para resumir su identidad masculina tras haber pasado su niñez como Brenda. «Daría cualquier cosa porque un hipnotizador lograra borrar todos los recuerdos de mi pasado. Es una tortura que no soporto. Lo que me hicieron en el cuerpo no es tan grave como lo que aquello provocó en mi mente».

ERROR MÉDICO

Las raíces de la tragedia se remontan hasta 1965, durante una visita rutinaria de Janet y Ron Reimer al hospital, con sus bebés gemelos Bruce y Brian. Los médicos les habían recomendado la circuncisión, una práctica aún muy común en el norte de EEUU, pero la operación de Bruce resultó nefasta. Al igual que el resto de detalles de la historia. Lo que ocurrió aún da lugar a agresivas disputas entre los implicados, pero lo que está claro es que el cauterizador eléctrico que utilizaron los médicos para llevar a cabo la intervención quemó su pene de manera tan severa que dejó el órgano completamente inútil.

La cirugía genital de reconstrucción aún era una ciencia ’en’ ’pañales’, y los expertos mostraron un gran pesimismo al respecto. Por ello, cuando meses después los desconsolados padres vieron por casualidad un programa en televisión, donde John Money defendía a capa y espada las nuevas y radicales teorías sobre la formación del sexo, les pareció que aquello podría arrojar un atisbo de luz en el oscuro mundo en el que se había sumido a su hijo. «Aseguraba que es posible que los bebés tuvieran un sexo neutral al nacer, un sexo indefinido, que se puede cambiar en el desarrollo de su vida», explicó más tarde Janet Reimer a John Colapinto, autor de un libro sobre este experimento titulado ’Tal como la naturaleza lo hizo’.

En las fotografías realizadas en aquella época, Money -entonces profesor de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, EEUU, donde sigue ejerciendo en la actualidad-representa la parodia de un sexólogo progresista, con bigote y cuello vuelto, una imagen ratificada además en sus escritos.

Este médico, educado en una familia religiosa y conservadora de Nueva Zelanda, se había sublevado para autodescribirse como un ’misionero del sexo’, desvelando mediante respuestas asombrosas su defensa infatigable de los matrimonios abiertos y el sexo bisexual en grupo, su debilidad y preferencia.

Las afirmaciones más extremas de Money aprobaban, o al menos no condenaban, el incesto y la pedofilia, pero en el programa que Janet y Ron Reimer vieron en televisión no se mencionaron estos temas. Le escribieron una carta y él no tardó en responder.

El médico confiaba ciegamente en que Bruce podía ser educado como una chica. Desde una perspectiva experimental, Brian Reimer sería el individuo perfecto para hacer de control: su herencia genética era idéntica a la de su gemelo Bruce. La única diferencia es que uno podría ser educado como una chica, y el otro como un chico. El énfasis de Money en la educación por encima de la naturaleza encajaba a la perfección con el espíritu progresista de la época, sobre todo con el movimiento femenino, cuyos defensores aseguraban que el papel tradicional y social de la mujer no venía biológicamente definido.

«En cualquier caso, tras la guerra se produjo un cambio, que desmentía que la gente fuera biológica, innata e inherentemente lo que parecían ser», explica Lynne Segal, catedrática de Psicología y Sexo en el Colegio Birkbeck de Londres (Reino Unido). «Acabábamos de ser testigos del nazismo y de la idea de que algunas personas eran malas por naturaleza, como los judíos o los gitanos, entre otros, por lo que la fuerza del concepto de cultura y sociedad encajaba al dedillo con los ideales socialdemócratas». Los Reimer no entraron en este tipo de debates, simplemente querían ’salvar’ a su hijo. «Yo admiraba al doctor Money como si fuese un dios», resumió Janet.

CASTRACIÓN

Bruce Reimer comenzó su conversión a Brenda el 3 de julio de 1967. Los médicos del Johns Hopkins le practicaron una operación de castración y la piel restante se utilizó para crear una «fisura vaginal cosmética». Money envió a la familia de vuelta a casa con instrucciones muy estrictas. «Nos dijo que no habláramos del tema, que no le contáramos la verdad y, sobre todo, que jamás debería saber que no era una niña».

Las cosas fueron mal desde el principio. Janet Reimer recuerda que lo que ocurrió cuando le puso a Brenda su primer vestido, justo antes de que cumpliese los dos años. «Intentó arrancárselo, romperlo. Recuerdo que pensé: ¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!». A Brenda la atacaban constantemente en el colegio. Cuando orinaba de pie en el baño, la amenazaban con una navaja.

La decisión de si Money fue o no el culpable de todo aún es un tema de discusión. Algunos especialistas afirman que las técnicas de cirugía de reconstrucción de aquella época eran tan poco eficaces que el intento de convertir a Bruce en Brenda debería haber sido la última y más desaconsejable opción.

En público, Money aseguraba que el estudio «John/Joan» había tenido un éxito arrasador. «Este caso constituye un apoyo férreo a la mayor de las batallas de la liberación de la mujer: el concepto de que las pautas convencionales sobre el comportamiento masculino y femenino pueden alterarse», publicó ’Times,’ en un artículo que disparó las ventas de la revista. Pero en privado, las cosas se le iban de las manos. Brenda necesitaba asistir con regularidad a una terapia con Money en Baltimore, en compañía de su hermano. Según relata Colapinto, aquello pronto degeneró en una especie de encuentros terroríficos que traumatizaron profundamente a los dos niños.

La muestra de «imágenes sexuales explícitas» a los pequeños resultaba fundamental, según las teorías del doctor sobre reasignación sexual. David Reimer (entonces Brenda) relató más tarde: «Money me gritaba, me decía que me quitara la ropa y yo no quería. Me quedaba quieto, y él me chillaba: ¡No! A mí me asustaba que fuese a darme una paliza, así que terminaba por desnudarme y quedarme inmóvil, temblando de pánico».

Entre los recuerdos más sombríos del niño, tras años de una total imposibilidad para hablar sobre ello, se encuentra el hecho de que Money supuestamente hizo a Brenda «ponerse a cuatro patas en el sofá de su oficina y obligó a Brian a colocarse detrás de rodillas y a frotar su entrepierna con el trasero de su hermana», algo que Money denominaba «ensayo sexual».

John Heidendry, que escribió recientemente una crítica en defensa del sexólogo, calificó esta acusación de «vergonzosa y ofensiva», asegurando que Brian sufría un síndrome de falsa memoria.

Cuando Brenda llegó a la adolescencia, la chica ya había intentado suicidarse al menos una vez. Se negó a que se le practicasen más operaciones pero aceptó, aunque de manera irregular, tomar estrógenos que favorecieran el desarrollo de sus mamas. El doctor John Money se fue alejando gradualmente de la vida de los Reimer, pero Brenda continuó en tratamiento psicológico.

Tras una de aquellas sesiones con un psiquiatra, en 1980, Ron Reimer recogió a su hija y, en vez de conducir de vuelta a casa, la llevó a una heladería, donde le contó toda la verdad. La suerte de la familia mejoró durante unos años. Brenda optó por un cambio de sexo a las pocas semanas de este encuentro. Gracias a los desarrollos de la faloplastia, ella, que tomó el nombre de David, se sometió a un proceso quirúrgico durante cinco años que le devolvió un pene reconstruido parecido a uno real, con sensaciones limitadas pero con capacidad para llevar una vida sexual.

A los 23 años conoció a Jane, una madre soltera con tres hijos, y no tardó en casarse con ella. En el año 2000, la historia de David se hizo pública. Pero su felicidad no duró demasiado ya que, por razones aún sin esclarecer, David y Jane terminaron por separarse.

Dos años más tarde, Brian Reimer (el gemelo que sirvió de sujeto control en los terribles experimentos de Money) se quitó la vida con una sobredosis de los fármacos que tomaba para tratar su esquizofrenia. Según parece, David se sentía responsable de su muerte, por lo que visitaba a diario la tumba de su hermano.

Aunque Colapinto asegura que David ganó muchísimo dinero con la publicación del libro, los que le conocían aseguran que su situación económica era penosa. En el club de golf donde se ofrecía a realizar sus pequeñas chapuzas, los miembros hacían una colecta y se la entregaban para que, al menos, pudiera comer.

Los amigos afirman que cayó en un estado de angustia total durante los pasados meses, después de que las acciones por valor de miles de dólares que había comprado en una inversión sufrieran una bajada descomunal.

EN CONTRA

El mundo de la psicología aprendió del error de Money mediante un artículo escrito por un rival suyo, el doctor Milton Diamond, miembro destacado de la Universidad de Hawai (EEUU), que finalmente identificó a los que se habían hecho cargo del tratamiento de los gemelos.

Para Lynne Segal, la historia del experimento no inclina la balanza del debate entre naturaleza y educación hacia ningún lado. En su opinión, compartida por la mayoría de expertos, esta dicotomía es falsa.

Por su parte, John Money se abstiene de realizar comentarios sobre el tema, según ha explicado su ayudante personal al diario ’The Guardian’. «Sencillamente no hay ningún comentario que hacer», ha apuntado de manera tajante.


La identidad de género está en manos de la genética

La literatura científica parece no apoyar la hipótesis del doctor Money. Precisamente, dos trabajos presentados durante el transcurso del congreso de la Sociedad de Endocrinología Pediátrica, celebrado en Boston(EEUU) en mayo de 2000, respaldan la teoría contraria y determinan que «las evidencias científicas apoyan que la identidad de género viene establecida por la biología por encima de la educación». De hecho, tal y como apunta William Reiner, psiquiatra y urólogo en el Centro Infantil Johns Hopkins (Baltimore, EEUU), «los niños que han participado en la investigación han demostrado que el género masculino se puede desarrollar no sólo con la ausencia de pene, sino también cuando se extirpan los testículos». En el trabajo participó un total de 14 niños que nacieron con defectos en sus genitales, como la ausencia de pene, debido a una malformación congénita.

Al parecer, los autores realizaron un seguimiento de estos menores y constataron que de los 14 niños genéticamente varones, 12 fueron intervenidos para convertilos en niñas. Sin embargo, los padres de estos menores relataron que su comportamiento a lo largo de toda la infancia fue masculino. Además, dos de los menores que no fueron sometidos a cirugía y que carecían de miembro tenían una actitud psicológica masculina. Según el especialista de Baltimore, «la controversia sobre la reasignación del sexo acaparó la atención hace tres años, cuando se da a conocer el caso del experimento ’John/Joan’. No obstante, los candidatos a este tipo de operación son muy pocos». De hecho, cerca de uno de cada 2.000 niños nacidos posee unos genitales ambiguos o estructuras reproductivas de ambos sexos y muy pocos sufren la ablación del pene. «La primera asunción errónea es que las relaciones sexuales son la cosa más notoria que realiza el ser humano y la segunda que el pene es el miembro más importante. Esto es una tontería. El cerebro es el mayor órgano sexual. Es él el que le dice al individuo qué hacer con el falo, la vagina o cualquier otra parte de la anatomía», ha insistido William Reiner. Este experto recuerda que la identidad de género «es complicada y que existen evidencias de que en ella interactúan muchos elementos».


Cuando los menores no se comportan según su sexo

En España hay más de 30.000 transexuales, de los cuales sólo 2.286 están diagnosticados, según un último estudio realizado por la Fundación para la Identidad de Género. Este organismo, que defiende la financiación estatal de las operaciones de cambio de sexo (una iniciativa que ya llevan a cabo la Junta de Andalucía y el Gobierno de Extremadura) estima que el coste anual de este tipo de intervenciones sería de un millón de euros. Sin embargo, la decisión de pasar por quirófano no puede tomarse a todas las edades. Miguel Fernández, psicólogo del Centro de Estudios de Salud Sexual, en Gran Canaria, explica que «existen unos criterios internacionales sobre cómo se debe tratar a los niños y a los adolescentes que se presentan en las consultas porque no se comportan de acuerdo con su género. De hecho, insiste que en el caso de los más pequeños se «debe ser muy cauteloso, porque la manifestación de un problema de identidad sexual puede deberse a un conflicto de orientación (homosexualidad o lesbianismo) o de identidad. Es decir, a lo mejor más adelante decide que es homosexual y no transexual. A esas edades, es muy difícil que un profesional sepa cómo se va a desarrollar el menor. Es más, lo que conocemos es que un 25% de estos niños será transexual y otro 25% homosexual». Por este motivo, los expertos se muestran en contra de dar cualquier tipo de tratamiento farmacológico en este sector de la población, aunque apoyan la necesidad de realizar un seguimiento de los más pequeños, así como de trabajar con la familia. En el caso de los adolescentes, «no se trata de realizar terapias masculinizantes o feminizantes. Si un chico descubre que quiere ser chica, o al contrario, intentamos que la terapia se encamine a detener el desarrollo de sus caracteres sexuales secundarios porque así, en un futuro, las soluciones que se adopten tendrán mejores resultados». Este psicológo recuerda que todo este proceso se realiza con la participación de los familiares. «En muchos casos los padres vienen desorientados y, sobre todo, no aceptan lo que está pasando, pero con la terapia y trabajo acaban comprendiendo todo». En nuestro país, no hay unidades específicas para niños o adolescentes, aunque sí las hay en Holanda y Reino Unido.

 

 

 

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*/ El caballo neurótico ...

<font size=4><strong>*/ El caballo neurótico ...</strong></font>

"Rearing Horse" - Leonardo Da Vinci

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"El caballo neurótico" ... 

Supongamos que a un caballo se le hace llegar una ligera descarga eléctrica en la pata a través de una placa metálica colocada en el suelo del establo; y supongamos tambien que unos segundos antes de cada descarga se hace sonar siempre una campana. El caballo, al cabo de un tiempo, "supondrá" que existe una relación causal entre el sonido de la campana y la descarga y, por tanto, cada vez que suene la campana, despegará una pata del suelo.

Hasta aqui todo bien, quien no ha oido hablar de Paulov y sus chuchos... esos que ensalibaban como posesos, llenandolo todito de babas, cada vez que sonaba la campana que anunciaba la comida... Pues eso... que eso está muy trillado, y nos lo han enseñado de parvulitos... Y Paulov lo llamo "reflejo condicionado" y tal...

Una vez establacido este reflejo condicionado en el caballo de turno, podemos desmontar el dispositivo eléctrico, no nos hace falta, porque inevitáblemente el caballo alzará la pata cada vez que suene la campana, creyendo evitar (el muy listo... el muy pobre...)la descarga eléctrica, en virtud de un comportamiento cuya eficacia había quedado demostrada.

Esto lleva al interesante resultado de que cada vez que el animal alza la pata y evita, por consiguente, la descarga, se confirma en su suposición de que alzar la pata es el comportamiento "adecuado" para protegerse de una experiencia desagradable. La acción queda reforzada por si misma, sin necesidad de descarga eléctrica alguna. Y con ello no hace sino consolidar este falso comportamiento.

Dicho de otra forma: este comportamiento, supuestamente adecuado, es el que imposibilita al caballo el importante descubrimiento de que ya no existe la amenaza de descarga eléctrica.

La solución se ha convertido en el problema.

Esta génesis de problemas no es en modo alguno privativo de los animales; tiene un campo de aplicación universal, válido también para la esfera humana, sólo que en este caso hablamos de síntomas neuróticos o psicóticos.

En definitiva hemos creado de este modo un caballo neurótico, presa de un problema inexistente, que tal vez en un momento existió, pero que él mismo ha perpetuado en su "mente" con lo que pensaba que era la solución correcta, la forma adecuada de actuación.

Pensemos... antes, tenía un problema real... una descarga eléctrica, que soluciona llegando a evitarla... más tarde el problema real ya no existe... pero él lo desconoce porque sigue reproduciendo la maniobra "que solucionaba el problema"... y lo que era en su momento una solución se convierte en una conducta extraña e inadecuada, desproporcionada... se convierte en un raro, en un inadaptado... el siguiente paso es convertirse en un (auto)marginado. Con todo el sufrimiento personal que conlleva cada etiqueta que hemos, y ha, ido colocando a su conducta.

En fin... que bastantes problemas reales tenemos... como para "crear" y sufrir con/por problemas que ya no existen... sufrir con/por situaciones que ya no se producen... sufrir con/por "fantasmas" que hemos creado, a fin de cuentas, nosotros mismos... "fantasmas" que un momento nos ayudaban porque "asustaban" al problema... pero que sin problema real ya solo nos asustan a nosotros mismos... y nos dan miedo... angustia... dolor... mucho miedo.

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*/ ¿Qué es la realidad? ...

<font size=4><strong>*/ ¿Qué es la realidad? ...</font></strong>

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¿Es real la realidad? ... 

La consciencia humana -es decir, el "darse cuenta"- ha supuesto -y aún hoy lo es- un largo camino de experimentación y reflexión cuya resultante es la evolución del ser. Y es que, ¿percibimos las cosas tal como son? ¿Cómo encajan nuestras percepciones con la realidad objetiva? ¿Existe esa realidad objetiva tal como nos la presentaban los científicos mecanicistas: observable, pesable y medible? ¿Cuál es la frontera que delimita lo subjetivo de lo objetivo?
Los seres humanos tenemos fundamentalmente dos fuentes de información: una externa -que nos la proporcionan los sentidos- y otra interna -que proviene de la memoria-. Si nos detenemos durante un momento a analizar los datos que percibimos por el primero de esos canales, los sentidos, nos daremos cuenta de que no es una fuente demasiado fiable. Un buen ejemplo lo tenemos en esos pasatiempos basados en dibujos de ilusiones ópticas que nos hacen confundir tamaños y formas, percibir líneas curvas como rectas y viceversa. Y es que normalmente no vemos las cosas tal como son sino como son para nosotros. Algo que nos lleva a plantearnos si no será el cerebro el que "construye" nuestra propia realidad en base a una información que interpreta o traduce de múltiples formas.
Por otra parte, también hemos de tener en cuenta que nuestro cerebro "selecciona" los estímulos que le llegan del exterior abriendo más unos sentidos e inhibiendo otros en función de la acción que vaya a desarrollar después. Es como si colocáramos un filtro ante todo lo que sucede a nuestro alrededor y desarrolláramos una especie de sensibilidad o intencionalidad que potenciaría algunos aspectos y despreciaría los restantes quedándose sólo con aquello que le interesa, con lo que es objeto de su atención. Como si de cuanto sucede alrededor únicamente fuéramos capaces de ver lo que se muestra bajo el chorro de luz que arroja una linterna. Todos los objetos iluminados serían registrados pero no el resto.
Eso nos coloca ante el siguiente postulado: percibimos no sólo lo que vemos sino lo que queremos ver. Nuestros ojos, por ejemplo, no perciben con la fidelidad del objetivo de la cámara de fotos sino que nuestro cerebro interpreta y adapta la información que recibe del exterior. Está demostrado que aunque se trate de objetos físicos no observamos lo que tenemos delante sino lo que llevamos dentro. Además, la percepción a través de los sentidos físicos es siempre relativa a un marco de referencias y, por supuesto, siempre subjetiva. Desde el punto de vista filosófico podríamos decir que lo que vemos en realidad son nuestras propias ideas.
Esto es aplicable incluso cuando nos referimos al mundo de las percepciones más ambiguas -como una sombra sin forma definida, por ejemplo-. Para alguien con miedo puede representar un peligro, un enemigo que le ataca; en cambio, para alguien que tiene obsesiones sexuales puede ser traducido con un significado erótico.
Hay gran cantidad de experimentos -tanto con animales como con personas- que demuestran estas afirmaciones: gatitos recién nacidos a los que se les colocó en un entorno donde sólo existían barras verticales a su alrededor. En otra sala, a otro grupo de gatitos se les rodeó de objetos horizontales. Tras varias semanas de aclimatación, cuando se les cambió de sala tantos unos como otros chocaban repetidamente contra los objetos que no eran capaces de "ver" a pesar de tenerlos ante sus ojos.
En el caso de los seres humanos, los experimentos de Solomon Asch demostraron que incluso ante una percepción obvia un sujeto puede negarla si se encuentra rodeado por otros que aseguran ver algo distinto. La persona sugestionable es capaz de renunciar a su propio criterio y convicción para ajustarla a la de los demás. Eso nos indica que el ser humano -mediante determinadas técnicas- es capaz de cambiar sus actitudes, sus gustos y sus tendencias, algo que conocen bien las agencias de publicidad o los partidos políticos cuando ponen en marcha su propaganda electoral o las campañas promovidas por los medios de comunicación de masas. Técnicas que van a influir, sin duda, sobre los hábitos, las modas, las ideas, los convencionalismos sociales, los gustos, etc., de las personas.
Por otra parte, cada uno de los acontecimientos que hemos vivido desde que nacimos, la educación que hemos recibido, las ideas que la religión ha implantado en nuestra mente, las convicciones arraigadas, toda nuestra experiencia, en suma, conforma un cuerpo de creencias dentro del cual nos sentimos seguros. Esas creencias las colocamos a nuestro alrededor como si se tratara de escudos o barrotes que impiden que las cosas del exterior nos lleguen; de esa forma nos protegemos del entorno. Pensamos que las creencias firmes nos hacen fuertes. De hecho, es bastante habitual oír a alguien presumir de lo "intocable" de sus ideas. Pero en realidad lo que sucede es que esas creencias le están proporcionando a la persona una colección de "filtros" de distintos colores a través de los cuales va a observar la realidad. Y eso, en un mundo de interrelaciones personales tan complejo como el nuestro supone una fuente inagotable de conflictos. Pues si la información que nos llega del exterior es seleccionada en base a criterios absolutamente personales y, además, se mezcla con la que proviene de la propia experiencia no cabe duda de que un mismo hecho podrá ser interpretado por cada ser humano de forma absolutamente personalizada.
Así pues, podríamos decir que la realidad es aquello que uno admite como posible y que intenta comprobar mediante la experiencia posterior, que es un hecho; aunque lo cierto es que nada es real, todo es subjetivo en función de las creencias internas y sólo vemos aquello que aceptamos que existe. Sólo eso. De ahí que la defensa a ultranza de la propia verdad, el empeño en dar testimonio de la realidad, sea algo absurdo que sólo puede conducirnos al aislamiento o a la imposición.
El ser humano sólo puede dar testimonio de lo que siente; todo lo demás son creencias. Los sentimientos se generan dentro del ser y corresponden a su personalidad interna, a su parte más esencial, esa que no estaría contaminada por la educación o la cultura sino que correspondería al conjunto de sus valores más profundos, a lo innato, no a lo aprendido.
Para la persona, los sentimientos son una realidad objetiva independientemente de que se manifiesten o no, o de dónde o cuando lo hagan. Sin embargo, sí es importante reconocerlos y expresarlos porque al hacerlo mostramos nuestra parte más auténtica, que además despertará resonancias en nuestros seres cercanos. No olvidemos que son las ideas, las creencias, las concepciones mentales las que nos separan, las que conforman la auténtica cárcel donde nos encerramos. Recordemos las palabras de Ghandi: "Cada día estoy más convencido de que la naturaleza humana es la misma en todas partes, sin importar la tierra que se pisa o el cielo que se contempla, y que cuando uno se acerca a los hombres con confianza y afecto recibe esos mismos sentimientos quintuplicados".
Muchos grandes filósofos nos hablan de la necesidad de colocar nuestro punto de apoyo fundamental en el corazón. Durante mucho tiempo nos hemos polarizado en el mundo de la mente, del razonamiento a ultranza, y ello nos ha llevado a manejarnos en un mundo concreto, a dibujar una realidad que está plagada de fronteras, unas veces geográficas o sociales pero, las más, puramente personales.
El siguiente paso para los seres humanos será romper las propias barreras y romper su soledad deshaciéndose de sus miedos y aprendiendo a ir hacia los demás saliendo de la falsa prisión de sus creencias.
Tal vez las voces que ya se empiezan a oír sobre la necesidad de aprender a pensar con el corazón, la conveniencia de comunicarse desde el corazón, la importancia de reconocer los sentimientos, etc., representen un nuevo camino -difícil de recorrer al principio- que pueda ayudarnos a identificar nuestras realidades subjetivas con un espíritu mucho más abierto capaz de captar la riqueza que proporciona la diversidad de nuestro mundo.
Tal vez sea necesaria la energía extra que proviene del corazón -como generador de sentimientos- para aunar en un todo mucho mayor la subjetividad de cada ser como si cada uno tuviésemos una pieza de un gigantesco puzzle capaz de conformar juntos una imagen coherente: la de una realidad con mayúsculas.

 

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*/ La obediencia a la autoridad ...

<font size=4><strong>*/ La obediencia a la autoridad ...</strong></font>

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Foto publicada en el New Yorker en la que se muestra a un preso Iraki al que le han amenazada que moriría electrocutado si caía de la caja y pisaba el suelo. Hecho ocurrido en la prisión de Abu Ghraib, en lo que era Irak y ahora es una muestra más (no olvidemos Guantanamo) de la impunidad de los Estados Unidos de Bush.
Galería de fotos del New Yorker



 

LOS EXPERIMENTOS DE MILGRAM



¿Podría una persona normal llegar a torturar o asesinar a alguien sólo por obedecer órdenes o tendríamos que llegar a la conclusión de que se trata de un perturbado?
Cuando un psicólogo llamado Milgram trató de responder a esta pregunta, él mismo quedó sorprendido ante los resultados.

Cuando, a finales de los años sesenta, Adolf Eichmann fue juzgado por los crímenes contra la humanidad cometidos durante el régimen nazi, el mundo entero se preguntó cómo era posible que alguien llegara a cometer semejantes atrocidades a millones de personas inocentes. Muchos pensaron que Eichmann tenía que ser un loco o un sádico y que no era posible que fuese como el resto de las personas normales que caminan junto a nosotros cada día por las calles, se sientan en la mesa de al lado en nuestro restaurante o viven en el piso de arriba en nuestro mismo edificio. Sin embargo, nada hacía pensar que Eichmann fuese distinto a los demás. Parecía ser un hombre completamente normal e incluso aburrido. Un padre de familia que había vivido una vida corriente y que afirmaba no tener nada en contra de los judíos. Cada vez que le preguntaban por el motivo de su comportamiento, él respondía con la misma frase: "cumplía órdenes".

A raíz de esto, un psicólogo social norteamericano llamado Stanley Milgram empezó a hacerse preguntas acerca de la obediencia a la autoridad y a plantearse si cualquiera de nosotros seríamos capaces de llegar a la tortura y el asesinato sólo por cumplir órdenes. Él pensaba que la respuesta a esta pregunta sería un rotundo no, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde se da gran importancia a la individualidad, la autonomía y la independencia de las personas, y más aún en el caso de que las órdenes implicaran hacer daño a alguien.

Para comprobarlo diseñó un experimento que se llevó a cabo en un laboratorio de la universidad de Yale. Los resultados fueron tan sorprendentes que dejaron boquiabierta no sólo a la comunidad científica, sino también al público en general, que llegó a tener conocimiento de dicho experimento debido a la gran atención que le prestaron los medios de comunicación, llegando a convertirse en el experimento más famoso dentro del campo de la psicología social.

Experimento

A través de anuncios en un periódico de New Haven, Connecticut, Milgram seleccionó a un grupo de hombres de todo tipo de entre 25 y 50 años de edad a quienes pagaron cuatro dólares y una dieta por desplazamiento por participar en un estudio sobre "la memoria y el aprendizaje". Estas personas no sabían que en realidad iban a participar en una investigación sobre la obediencia, pues dicho conocimiento habría influido en los resultados del experimento, impidiendo la obtención de datos fiables.

Cuando el participante (o sujeto experimental) llega al impresionante laboratorio de Yale, se encuentra con un experimentador (un hombre con una bata blanca) y un compañero que, como él, iba a participar en la investigación. Mientras que el compañero parece estar un poco nervioso, el experimentador se muestra en todo momento seguro de sí mismo y les explica a ambos que el objetivo del experimento es comprender mejor la relación que existe entre el castigo y el aprendizaje. Les dice que es muy poca la investigación que se ha realizado hasta el momento y que no se sabe cuánto castigo es necesaria para un mejor aprendizaje.

Uno de los dos participantes sería elegido al azar para hacer de maestro y al otro le correspondería el papel de alumno. La tarea del maestro consistía en leer pares de palabras al alumno y luego éste debería ser capaz de recordar la segunda palabra del par después de que el maestro le dijese la primera. Si fallaba, el maestro tendría que darle una descarga eléctrica como una forma de reforzar el aprendizaje.

Ambos introducen la mano en una caja y sacan un papel doblado que determinará sus roles en el experimento. En el de nuestro sujeto experimental está escrita la palabra maestro. Los tres hombres se dirigen a una sala adyacente donde hay una aparato muy similar a una silla eléctrica. El alumno se sienta en ella y el experimentador lo ata con correas diciendo que es "para impedir un movimiento excesivo". Luego le coloca un electrodo en el brazo utilizando una crema "para evitar que se produzcan quemaduras o ampollas". Afirma que las descargas pueden ser extremadamente dolorosas pero que no causarán ningún daño permanente. Antes de comenzar, les aplica a ambos una descarga de 45 voltios para "probar el equipo", lo cual permite al maestro comprobar la medianamente desagradable sensación a la que sería sometido el alumno durante la primera fase del experimento. En la máquina hay 30 llaves marcadas con etiquetas que indican el nivel de descarga, comenzando con 15 voltios, etiquetado como descarga leve, y aumentando de 15 en 15 hasta llegar a 450 voltios, cuya etiqueta decía "peligro: descarga severa". Cada vez que el alumno falle, el maestro tendrá que aplicarle una descarga que comenzará en el nivel más bajo e irá aumentando progresivamente en cada nueva serie de preguntas.

El experimentador y el maestro vuelven a la habitación de al lado y el experimento comienza. El maestro lee las palabras a través de un micrófono y puede escuchar las respuestas del alumno. Los errores iniciales son castigados con descargas leves, pero conforme el nivel de descarga aumenta, el maestro empieza a escuchar sus quejas, concretamente a los 75 voltios. En este momento el maestro empieza a ponerse nervioso pero cada vez que duda, el experimentador le empuja a continuar. A los 120 voltios el alumno grita diciendo que las descargas son dolorosas. A los 135 aúlla de dolor. A los 150 anuncia que se niega a continuar. A los 180 grita diciendo que no puede soportarlo. A los 270 su grito es de agonía, y a partir de los 300 voltios está con estertores y ya no responde a las preguntas.

El maestro, así como el resto de personas que hacen de maestros durante el experimento, se va sintiendo cada vez más ansioso. Muchos sonríen nerviosamente, se retuercen las manos, tartamudean, se clavan las uñas en la carne, piden que se les permita abandonar e incluso algunos se ofrecen para ocupar el lugar de alumno. Pero cada vez que el maestro intenta detenerse, el experimentador le dice impasible: "Por favor, continúe". Si sigue dudando utiliza la siguiente frase: "El experimento requiere que continúe". Después: "Es absolutamente esencial que continúe" y por último: "No tiene elección. Debe continuar". Si después de esta frase se siguen negando, el experimento se suspende.

Los resultados

Los datos obtenidos en el experimento superaron todas las expectativas. Si bien las encuestas hechas a estudiantes, adultos de clase media y psiquiatras, habían predicho un promedio de descarga máxima de 130 voltios y una obediencia del 0%, lo cierto es que el 62,5 % de los sujetos obedeció, llegando hasta los 450 voltios, incluso aunque después de los 300 el alumno no diese ya señales de vida.

Por supuesto, aquí es necesario añadir que el alumno era en realidad un cómplice del experimentador que no recibió descarga alguna. Lo que nuestro ingenuo participante escuchaba era una grabación con gemidos y gritos de dolor que era la misma para todo el grupo experimental. Tampoco se asignaba el papel de maestro o alumno al azar, ya que en ambas hojas estaba escrita la palabra maestro. Sin embargo, estas personas no supieron nada del engaño hasta el final de experimento. Para ellos, los angustiosos gritos de dolor eran reales y aún así la mayoría de ellos continuó hasta el final.

Lógicamente, lo primero que se preguntaron los atónitos investigadores fue cómo era posible que se hubiesen obtenido estos resultados. ¿Eran acaso todos ellos unos sádicos sin corazón? Su propia conducta demuestra que esto no era así, pues todos se mostraban preocupados y cada vez más ansiosos ante el cariz que estaba tomando la situación, y al enterarse de que en realidad no habían hecho daño a nadie suspiraban aliviados. Cuando el experimento terminaba muchos se limpiaban el sudor de la frente, movían la cabeza de un lado a otro como lamentando lo ocurrido o encendían rápidamente un cigarro. Tampoco puede argumentarse que no fuesen del todo conscientes del dolor de las otras personas, pues cuando al finalizar el experimento les preguntaron cómo de dolorosa pensaban que había sido la experiencia para el alumno, la respuesta media fue de 13,42 en una escala que va de 1 (no era dolorosa en absoluto) a 14 (extremadamente dolorosa).

Paso a paso hasta la tortura

Los participantes comenzaron aplicando descargas leves de 15 voltios, que no suponían más que una simple molestia. Después, un poco más, aumentando gradualmente la intensidad de la descarga. Esta secuencia también contribuía a que los sujetos se viesen inmersos en la trampa de la obediencia. Además, llegaron engañados, sin que jamás se les hubiese pasado por la cabeza que acabarían haciendo tanto daño a alguien. Tampoco imaginaban que el alumno cometería tal número de errores al hacer algo tan sencillo (esto también estaba amañado de antemano), ni que las descargas llegarían a ser tan fuertes. Por otro lado, los participantes habían accedido a participar voluntariamente y, por tanto, habían reconocido al experimentador como autoridad legítima, y el hecho de haber obedecido durante las primeras fases podía estar empujándolos a continuar haciéndolo.

La explicación

Según Milgram, lo que sucedió fue que los sujetos entraron en lo que él llamó "estado de agente", caracterizado por el hecho de que el individuo se ve a sí mismo como un agente ejecutivo de una autoridad que considera legítima. Aunque la mayoría de las personas se consideran autónomas, independientes e iniciadoras de sus actos en muchas situaciones, cuando entran en una estructura jerárquica pueden dejar de verse de ese modo y descargar la responsabilidad de sus actos en la persona que tiene el rango superior o el poder. Recordemos que los individuos del experimento accedían voluntariamente a realizarlo, aunque en ningún momento les dijeron que estarían en una situación en la que tendrían que obedecer órdenes. Tampoco era necesario. La estructura social del experimento activaba con fuerza una norma social que todos hemos aprendido desde niños: "Debes obedecer a una autoridad legítima", entre ellos los representantes de instituciones universitarias y científicas (o los profesores en los colegios), policías, bomberos, oficiales de mayor rango en el ejército, etc. Cuando el sujeto entra libremente en una organización social jerárquica, acepta, en mayor o menor medida, que su pensamiento y sus actos sean regulados por la ideología de su institución.

Para obedecer, por tanto, la autoridad debe ser considerada legítima. En los experimentos de Milgram la figura de autoridad se reconocía fácilmente, como sucede en muchas situaciones de la vida real: científicos y médicos llevan batas blancas, los policías y los bomberos llevan uniformes, etc. Todos estos símbolos son capaces de activar la norma de obediencia a la autoridad.

Por este motivo, Eichmann repetía continuamente que sólo obedecía órdenes. Se consideraba parte del aparato técnico no pensante, sin tener en cuenta la posibilidad de que podría o debería controlar su propia conducta y ser responsable de ella. Por otra parte, cuando los individuos creen que ellos, y no la autoridad, son los únicos responsables de sus actos, la obediencia cede.

Sin embargo, no todo el mundo responde de la misma forma ante la autoridad. Algunos piensan que todos los ciudadanos deben obediencia ciega a una autoridad legítima. Según estas personas, los subordinados no son responsables de su propia conducta cuando obedecen órdenes. Otros, en cambio, creen que las personas siempre son responsables de sus actos y al encontrarse ante una autoridad que les da órdenes que van contra sus propios valores, se resisten a obedecer.

Pero estos no son los únicos factores que intervienen en la explicación de los hechos. Cada vez que el maestro protestaba, el experimentador centraba su atención en la norma de la obediencia: "el experimento exige que continúe", "no tiene elección", y su calma ante el sufrimiento del alumno y ante las dudas del maestro, parecían indicarle a este último que, en esa situación, la conducta apropiada era obedecer por el bien del experimento, por fines superiores como la ciencia y el conocimiento.

Aún así, otra norma social que también habían aprendido estas personas desde su infancia les recordaba que no se debe hacer daño a los demás y que debemos prestarles nuestra ayuda cuando la necesiten. Este dilema les producía una gran ansiedad porque sabían que no estaban haciendo nada para aliviar el sufrimientos de esas personas. Milgram había logrado resaltar la norma de la obediencia y la situación incitaba a los maestros a prestar menos atención a la norma de ayuda a los demás (o responsabilidad social). Pero, ¿qué pasa cuando acentuamos la norma de la responsabilidad social? Como hemos visto, cuanto más próxima está la víctima al individuo, como cuando tenían que sujetar su mano sobre la placa, menor es la obediencia. Del mismo modo que la persona que espía por el ojo de una cerradura se llena de vergüenza al ser descubierta, el individuo que mira a los ojos de su víctima mientras le aplica la descarga, se ve reflejado en ella; las consecuencias de sus actos son demasiado evidentes, el nexo entre acción y consecuencia es palpable y los ojos de su víctima son el espejo en el que se refleja su propio rostro y lo hace más consciente de sí mismo y, por tanto, de sus actos, lo que lleva a un aumento de su sensación de responsabilidad ante ellos. Esto hace que la norma de responsabilidad social tenga más poder que la de la obediencia.

Por este motivo, es mucho más fácil firmar un papel decretando la muerte de una persona, tirar una bomba desde un avión o apretar un botón que lance un misil en dirección a un país vecino, que torturar o matar a alguien directamente. Según cuentan algunos testigos, el mismo Eichmann se vino abajo cuando se vio forzado a recorrer los campos de concentración en los que había ordenado encerrar a tanta gente. Probablemente, una persona que se considerase plenamente responsable de sus actos se habría preocupado por saber, al menos, cuál sería el verdadero destino de esas personas y qué era lo que realmente estaba haciendo con ellas.

 

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*/ La influencia social en el criterio propio ...

<font size=4><strong>*/ La influencia social en el criterio propio ...</strong></font>

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En un notable experimento realizado por el psicólogo Solomon Asch, pidió a un grupo de estudiantes universitarios que observaran líneas de diferente longitud y luego luego las aparearan con una idéntica elegida entre tres alternativas.





La discriminación visual era muy fácil de hacer y los estudiantes podían aparear las líneas con una precisión casi total cuando trabajaban solos.

Luego los investigadores recurrieron a un subterfugio para confundir su juicio.

En la habitación donde se realizaba la prueba hicieron entrar a otros estudiantes a quienes aparentemente se los había invitado a realizar la misma prueba, pero que en realidad eran miembros del equipo de investigación a quienes se había pedido que falsificaran deliberadamente sus respuestas. Esto tuvo un efecto desastroso en el rendimiento de los primeros estudiantes, cuyos juicios comenzaron a tambalear desde el momento en que descubrieron que sus opiniones estaban en conflicto con las de los recién llegados. En lugar de mantener su propia evaluación, tres cuartas partes de los estudiantes comenzaron a sufrir la influencia de las evaluaciones falsificadas de quienes les rodeaban.

Como resultado sus puntuaciones cayeron drásticamente. Aun cuando la opinión de la mayoría era obvia y groseramente incorrecta, muchos prefirieron seguir al grupo en lugar de afirmar su propio juicio.

 

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*/ El poder de las formas ...

<font size=4><strong>*/ El poder de las formas ...</font></strong>

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Cuestión de formas ...

Un joven que se quedó sin dinero durante su viaje de vacaciones, y mandó un telegrama a su padre: "Papá, mándame más dinero".

Cuando el padre abrió el telegrama, se puso furioso. Llamó a su esposa y lo leyó en voz alta, en un tono cortante e imperativo: "¡Papá, mándame más dinero!". Y protestó contra la insolencia de su hijo.

La madre, que quería protegerlo, cogió el telegrama y dijo :

-No lo dice así, querido. Escucha cómo suena.

Y leyó la frase en un tono cariñoso, respetuoso y suplicante.

-Ah, bueno...- respondió el marido-. Si me lo pide de esta manera, de acuerdo. Le mandaré el dinero.
 

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*/ La comunicación empática ...

<font size=4><strong>*/ La comunicación empática ...</font></strong>

 

 

"Bajo la clave adecuada, uno puede decir cualquier cosa;

bajo la clave equivocada, nada vale.

Acertar con la clave es lo esencial".

George Bernard Shaw




La comunicación es el acto central de la vida humana.

La comunicación es posible, entre los hombres, porque todas las cosas, externas o internas, son representables.

Pero el hecho de representar, para otros, las cosas externas o internas, no es un proceso simple. ‘Una de las cosas más difíciles del mundo’, escribió Lewis Carroll en su libro ‘ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS’, ‘es transmitir las ideas con exactitud de una mente a otra’.


Llamamos genéricamente proceso de comunicación a los fenómenos de intercambio de información. Estos fenómenos se dan en dos pasos:

1) Hay que comprender y transmitir una situación o hecho.

2) Hay que escoger y transmitir bien los diferentes signos que pueden expresarla.

En la comunicación humana, el mensaje sólo puede transmitirse a través de una codificación. Una letra, una palabra van ‘codificadas’ en un texto, con una determinada entonación o escrito en determinada forma. Si la palabra ‘alma’, por ejemplo, va en la frase ‘te quiero con toda el alma’, tiene diverso sentido de si va en esta otra : ‘el hombre consta de alma y cuerpo’.


El mensaje humano tiene, pues, una codificación por parte del emisor y una descodificación por parte del receptor. Este sólo podrá descodificar la frase y por tanto entenderla, si está al tanto del código empleado. De ahí la importancia de que toda persona que intenta influir en otra en cualquier campo (religioso, político, comercial...) conozca el lenguaje que es capaz de comprender su receptor y se acomode a él. El código que domina el receptor es la regla a que debe ajustarse el emisor y no viceversa.

Pero la comunicación no es solamente un intercambio de información a través de códigos, sino una comunión de significados. En el contacto entre dos o más personas, también se intercambian o crean impresiones y actitudes.

La comunicación es, además, una concordancia emotiva. Es el hilo invisible que une o desune a los seres humanos..

Por otro lado, hay circunstancias en las que aun la información más objetiva presenta una carga emocional muy alta. Pensemos, por ejemplo, en el momento en que un Gerente General comunique los datos referentes al rendimiento de la empresa. Es inevitable que esta situación desencadene ciertas emociones; entre otras miedo, ansiedad o vergüenza.

Si las personas involucradas no logran superar el nivel de comunicación objetiva, se levantará entre ambas una barrera que impedirá llegar a un entendimiento. Si, por el contrario, el Gerente General enfrenta el aspecto emocional al aceptar el enojo de un subordinado por recibir una valoración tan negativa, ambos tienen más posibilidades de aplicar su experiencia en beneficio de la relación. Al hablar de la preocupación del empleado sobre los hechos, éste los aceptará con más facilidad.


Por eso es tan importante escuchar empáticamente (sin juzgar y poniéndose en el lugar del otro), porque es el primer paso hacia comunicación saludable y eficiente.

Las relaciones de comunicación requieren un desarrollo, implican confianza y comodidad, y ambas se alimentan con el transcurso del tiempo y con el ejercicio de la empatía. Una buena relación de comunicación nos permite saber que si nuestro proveedor se retrasa no es debido a una falta de respeto o a negligencia, sino a una sobrecarga de trabajo. La relación se da en un clima de confianza mutua y es tan cómoda para ambas partes que intercambiamos información sobre nuestras respectivas empresas, lo cual nos ayuda a realizar el trabajo mejor y a entendernos como personas.

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*/ Reir ...

<font size=4><strong>*/ Reir ...</font></strong>

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Según Edward Dunkelblau, presidente de la Asociación Americana de Humor Terapéutico, las investigaciones muestran que:

--> Los niños ríen más de doscientas veces al día.
--> Los adultos ríen una media de quince veces diarias.

 



¿Qué ha pasado con las 185 risas restantes?
... ¡Qué gran pérdida! ...

 

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*/ Autoconciencia ...

<font size=4><strong>*/ Autoconciencia ...</font></strong>

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"El dolor termina sólo a través del conocimiento propio,

de la lúcida percepción alerta de cada pensamiento y sentimiento,

de cada uno de los movimientos de lo consciente y lo oculto".

Krishnamurti

 

 



La Inteligencia Emocional comienza con la autoconciencia. El término conciencia se usa para distinguir, entre las funciones mentales, las características que se refieren tanto al llamado ’estado de conciencia’, o para designar los procesos internos del hombre de los que es posible adquirir conciencia, y es en este último sentido que utilizamos el término autoconciencia.

En el primer caso, la conciencia es vigilancia o estado de alerta y coincide con la participación del individuo en los acontecimientos del ambiente que le rodea.

La autoconciencia no es una función tan simple y directa como pudiera parecer a primera vista, y menos respecto a nuestras emociones. Si digo, por ejemplo, que estoy enojado/a, quizá lo esté, pero puede que también esté equivocado/a. Puede que en realidad tenga miedo, esté celoso/a, o que sienta las dos cosas.

¿Cómo hacemos para tener una conciencia exacta de lo que nos está pasando (en el cuerpo) y qué estamos sintiendo (en la mente)?

A esta pregunta responde el principio de la autoconciencia, primer paso de la Inteligencia Emocional, porque ésta sólo se da cuando la información afectiva entra en el sistema perceptivo.

Por ejemplo, para poder controlar nuestra irritabilidad debemos ser conscientes de cuál es el o los agentes desencadenantes, y cuál es el proceso por el que surge tan poderosa emoción; sólo entonces podremos aprender a aplacarla y a utilizarla de forma apropiada. Para evitar el desaliento y motivarnos, debemos ser conscientes de la razón por la que permitimos que ciertos hechos o las afirmaciones negativas sobre nosotros afecten nuestro ánimo.

Para ayudar a otros a ayudarse a sí mismos, debemos ser conscientes de nuestra implicación emocional en la relación.

La clave de la autoconciencia está en SABER SINTONIZAR con la abundante información -nuestros Sensaciones, Sentimientos, Valoraciones, Intenciones y Acciones - de que disponemos sobre nosotros mismos. Esta información nos ayuda a comprender cómo respondemos, nos comportamos, comunicamos y funcionamos en diversas situaciones. Al procesamiento de toda esta información es a lo que llamamos autoconsciencia.

Un alto grado de autoconciencia puede ayudarnos en todas las áreas de la vida, y especialmente en ella enseñanza, el estudio y el aprendizaje.

Junto con los sentimientos o las emociones aparecen manifestaciones físicas como transpirar, respirar con dificultad, la tensión o la fatiga. Y también hay manifestaciones cognitivas (p. ej.: de emociones angustiantes), como una falta de concentración, conducta motriz o física desacelerada, congelación o abarrotamiento y bloqueo de los procesos del pensamiento, tales como el olvido o la confusión.

Una herramienta clave de la autoconciencia es la toma de conciencia del propio cuerpo y de sus señales de excitación.

Tenemos que llegar a ser capaces de describir nuestro cuerpo y nuestra mente con vívido detalle, incluida la respiración, la transpiración, el desasosiego, la falta de concentración, los pensamientos inquietantes, el contenido de esos pensamientos (p.ej.: en el caso de miedo o preocupación, los peligros específicos que promueven esos estados anímicos).

Empezar a mirar las manifestaciones exteriores de excitación interior como absolutamente naturales y comunes. Comprender que no matan, y saber positivamente que la conciencia les va quitando el poder a esas señales.

Si una persona tiene poca autoconciencia o conocimiento de sí mismo/a, ignorará sus propias debilidades y carecerá de la seguridad que brinda el tener una evaluación correcta de las propias fuerzas.

Las personas que tienen autoconciencia también pueden ser capaces de energizar a los demás, de comprometerse y confiar en quienes desarrollan una tarea con ellos.

  

 

 

 

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*/ Más sobre la EMPATIA ...

<font size=4><strong>*/ Más sobre la EMPATIA ...</strong></font>

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EMPATÍA


¿Reconoce usted los sentimientos de las demás personas? ¿Comprende por qué los demás se sienten así? Esta es la habilidad de ‘sentir con los demás’, de experimentar las emociones de los otros como si fuesen propias.

Cuando desarrollamos la empatía (la cuarta de las habilidades prácticas de la Inteligencia Emocional) las emociones de los demás resuenan en nosotros. Sentimos cuáles son los sentimientos del otro, cuán fuertes son y qué cosas los provocan. Esto es difícil para algunas personas, pero en cambio, para otras, es tan sencillo que pueden leer los sentimientos tal como si se tratase de un libro.

Es importante aquí hacer una distinción entre la empatía y la simpatía. La simpatía es un proceso que nos permite sentir los mismos estados emocionales que sienten los demás, los comprendamos o no.

Sin embargo, la simpatía es un proceso puramente emocional, que tiene con la empatía la misma relación que puede tener un cuadro prehecho con la obra de un artista. En el primero, podemos llenar los espacios correctos con los colores adecuados o las emociones adecuadas, y obtener una copia aceptable del original, sin necesidad de entender claramente qué significa el cuadro.

La empatía es algo diferente: involucra nuestras propias emociones, y por eso entendemos cabalmente los sentimientos de los demás, porque los sentimos en nuestros corazones además de comprenderlos con nuestras mentes. Pero además, y fundamentalmente, la empatía incluye la comprensión de las perspectivas, pensamientos, deseos y creencias ajenos.

La simpatía es un pobre sustituto de la empatía, si bien en algunos casos, en los cuales las personas no pueden sentir empatía respecto de algunas emociones, la simpatía es mejor que nada. Sin embargo, para avanzar al siguiente estadio de la conciencia emocional, se requiere verdadera empatía.

Ser una persona altamente empática puede tener sus desventajas. Una persona empática es muy consciente de todo un complejo universo de información emocional, a veces dolorosa e intolerable, que otros no perciben.

Las personas que tienen empatía están mucho más adaptadas a las sutiles señales sociales que indican lo que otros necesitan o quieren. Esto los hace mejores en profesiones tales como la enseñanza, las ventas y la administración.

 

 

 

 

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*/ El experimento de la esperanza ...

<strong><font size=4>*/ El experimento de la esperanza ...</strong></font>

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El profesor Rudolf Bilz bautizó así un experimento con ratas de campo recién capturadas. Si uno de estos animales es arrojado a un barreño lleno de agua, cuyas paredes lisas no le permiten salir, a los quince minutos de nadar y agotarse, en pleno desconcierto, la rata muere a causa del stress.

En circunstancias normales, este tipo de ratas pueden nadar hasta 80 horas sin parar antes de ahogarse. De hecho, la causa de la muerte de las ratas antes mencionadas no es el esfuerzo físico, sino solamente el miedo mortal ante una situación sin salida.

Al otro día se hizo otro experimento con otra rata del mismo tipo. Ahora, después de dejar a la rata en el agua por cinco minutos, se le lanzó una tablilla por la que pudo trepar, alcanzando un blando nido.

Si se lanza a esa misma rata poco después, sin la tablilla salvadora, el animal no muere de stress. Aguanta nadando en el recipiente ochenta horas, como un campeón de resistencia, hasta su total agotamiento, animada por la esperanza de que en algún momento se le vuelva a arrojar la tablilla salvadora.

Si esto hace la esperanza en un pequeño animal, qué no hará en un ser humano.

 

 

 

 

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*/ Lenguaje corporal ...

<font size=4><strong>*/ Lenguaje corporal ...</font></strong>

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COMPORTAMIENTOS Y COSTUMBRES
  

 

¿Sabes qué pasaría si te encuentras accidentalmente, y de repente, con una mujer desconocida desnuda, por ejemplo en un baño público?:

 

Una mujer mahometana se cubriría el rostro.

Una mujer laosiana se cubriría el pecho. 

Una mujer china (antes de la revolución) escondería sus pies. 

En Sumatra, la mujer ocultaría sus rodillas. 

En Samoa, cubriría su ombligo.

En el mundo occidental, se cubriría el pecho con una mano y la zona genital con la otra.

 

 

  

 

 

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*/ Curarse de risa ...

<font size=4><strong>*/ Curarse de risa ...</font></strong>

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EL TRAYECTO DE UNA CARCAJADA

‘Después de que uno se ríe, entra en un estado de relajación’, explica el doctor John Morreall, presidente de los seminarios HUMORWORKS, en Florida. ‘La presión arterial y los latidos del corazón descienden, así que nos sentimos profundamente relajados’.

Los terapeutas de la risa lo saben bien: la risa comienza por una brusca toma de conciencia. Ante un acontecimiento incongruente, ridículo, divertido o absurdo, súbitamente aparece la carcajada que atraviesa los neurotransmisores, recorre las neuronas en busca de una estructura de referencia donde situar la escena y, no consiguiéndolo más que imperfectamente o en absoluto, se precipita hacia el hipotálamo y desencadena una verdadera jauría de ondas y moléculas que chocan de frente contra las células nerviosas del diafragma, desencadenando movimientos convulsivos como el bostezo y la tos.

En el mismo momento, en el cerebro se liberan las endorfinas que nos brindan una sensación de bienestar que relaja toda la esfera linfática.

El cuerpo emocional, desembarazado momentáneamente de sus tensiones, se libera y deja estallar su alegría de vivir. Respira. Al igual que nuestros pulmones, a pesar de la dificultad que tienen para efectuar su trabajo debido a las convulsiones que nos recorren el abdomen. Al cabo de un rato, de tanto soportar los saltos regenerativos del júbilo del cuerpo emocional, el cuerpo físico se expresa de nuevo. Corren las lágrimas, los maxilares se aflojan, los radicales libres, que están preparados, como siempre, para echar a perder nuestras células, se refugian en sus casamatas. En la última parte del recorrido de la carcajada, el cuerpo mental reemerge y volvemos a tomar conciencia de nuestra condición, que habíamos olvidado por unos segundos, en esa carcajada.

El célebre escritor Norman Cousins hablaba de la risa como ‘el joggin interno’, una especie de aerobismo interior que hace que el cuerpo segregue sus jugos positivos.

PAYASOS EN EL HOSPITAL

Hoy, la creencia científica en los efectos de la risa en la salud descansa mayormente en los hombros de los doctores Lee Berk y Sanley Tan, ambos de la Facultad de Medicina de Loma Linda, en California. La risa, dicen, agudiza las habilidades de la mayoría de los instrumentos de nuestro sistema de inmunidad. Activa los linfocitos T y las células de ataque, las que ayudan a destruir los microorganismos invasores. La risa aumenta también la producción de nuevas células de inmunidad y reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, que puede debilitar la respuesta del sistema de inmunidad.

Entretanto, los estudios han descubierto que el nivel de inmunoglobulina A, un anticuerpo segregado en la saliva para protegernos contra los microorganismos invasores en el aparato respiratorio, desciende durante el estrés, pero desciende mucho menos en las personas que tienen un gran sentido del humor.

Si bien estos descubrimientos son una indicación de cómo la risa puede ser un beneficio para la salud, no está probado todavía que estos efectos sobre la inmunidad se reflejen en curaciones más rápidas.

Desde otro ángulo, el doctor William Fry descubrió también que, para cuando un niño llega al jardín de infantes, se está riendo unas 300 veces por día. Comparemos esto con un adulto típico, que se ríe apenas unas 17 veces por día. (Hombres y mueres, dice él, se ríen la misma cantidad de veces, pero de cosas diferentes).

Fry llama ‘humor profiláctico’ a la risa, como medicina preventiva.

‘El humor afloja los mecanismos de la mente. Estimula maneras diferentes, poco comunes, de ver las cosas’.

Fry lleva esta idea un poco más allá. Sostiene que LA CREATIVIDAD Y EL HUMOR SON IDÉNTICOS. AMBOS TIENEN QUE VER CON LA UNIÓN DE DOS ELEMENTOS QUE NO TIENEN UNA OBVIA CONEXIÓN, Y CON LA CREACIÓN DE UN VÍNCULO.

Por último, el humor nos ayuda a luchar con lo impensable: nuestra calidad de mortales.

 

  

  

 

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*/ Provérbio Árabe ...

<strong><font size=4>*/ Provérbio Árabe ...</font></strong>

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Quien no comprende una mirada tampoco

comprenderá una larga explicación.

 

 

 

 

 

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*/ Inteligencia Emocional ...

<font size=4><strong>*/ Inteligencia Emocional ...</strong></font>

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La expresión "Inteligencia Emocional" fue acuñada en 1990 por el psicólogo Peter Salovey, de Yale, y por John Mayer, de la Universidad de Yale de New Hampshire, para describir cualidades como la comprensión de los propios sentimientos, la comprensión de los sentimientos de otras personas y "el control de la emoción de forma que intensifique la vida".
Aunque la psicología conoce desde siempre la influencia decisiva de las emociones en el desarrollo y en la eficacia del intelecto, el concepto concreto de la inteligencia emocional, en contraposición al de coeficiente intelectual, fue planteado hace unos años por el psicólogo Peter Salovey. Y si bien no existen test para medirla con exactitud, varias pruebas o cuestionarios que valoran este aspecto pueden ser muy útiles para predecir el desarrollo futuro de una persona.
Hace treinta años, un psicólogo de la Universidad de Stanford realizó un experimento con niños de cuatro años. Le mostraba a cada uno una golosina y le decía que podía comerla, pero que si esperaba a que volviera le traería dos; luego lo dejaba solito con el caramelo y su decisión. Algunos chicos no aguantaban y se comían la golosina; otros, elegían esperar para obtener una mayor recompensa. Catorce años después, hizo un seguimiento de esos mismos chicos: los que habían aguantado sin tomar el caramelo - y, por lo tanto, controlaban mejor sus emociones en función de un objetivo - eran más emprendedores y sociables. Los impulsivos, en cambio, tendían a desmoralizarse ante cualquier inconveniente y eran menos brillantes.
En la década del 80 (denominada la década del cerebro) se intensificaron los estudios dirigidos a investigar más profundamente el órgano que tan poco utilizamos con relación a su enorme potencial. Estas investigaciones llegaron ¡por fin! a determinar que las emociones juegan un rol muy importante y definitorio en la capacidad del ser humano para vivir mejor. La trascendente conclusión determinó que ya no nos ajustaremos sólo a un coeficiente de inteligencia basado en informaciones intelectuales, sino también y en gran medida a un coeficiente emocional.
Un coeficiente emocional óptimo es alcanzado por aquella persona que conoce sus emociones negativas y, lo que es más importante, puede resolverlas. La persona que no conoce sus propias emociones negativas, o que conociéndolas es incapaz de manejarlas, está afectando en distintas medidas su vida de trabajo, su vida de pareja, su vida de familia y su particular visión del mundo
¿Qué es la inteligencia emocional?
Es una forma de interactuar con el mundo, que tiene en cuenta las emociones, los sentimientos y algunas habilidades como la autoconciencia, la motivación, el control de sus impulsos, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, y otras más, indispensables para una buena y creativa adaptación e interacción social.

Es una destreza que nos permite conocer y manejar nuestros propios sentimientos, interpretar y enfrentar los sentimientos de los demás, sentirse satisfechos y ser eficaces en la vida a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan nuestra propia productividad.

 

 

 

 

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