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................. puntos de inflexión ...

*/ Bajo el cielo azul

<font size=4><strong>*/ Bajo el cielo azul</strong></font>

"Greziako Katua" - Kepa Lucas

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Bajo el cielo azul

Kepa Lucas

 

"Es asomado a la ventana cuando más piadoso soy" - Paul Klee



Cuesta arriba, bajo el cielo azul,
huyo de lo que me voy encontrando.
Maullidos, desde un seto,
desgarran la seda de la tarde.
Un hombre, envuelto en sol,
va por la acera murmurando solo.

Por el borde de sombras y jardines
corro como un desesperado.
Voy huyendo del gato hambriento,
gritando de locura por el amor perdido.
Corro calle ariba, hacia mi casa.
Allí también espera, queriéndome, la vida.

 


 

 

 

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*/ El caballo neurótico ...

<font size=4><strong>*/ El caballo neurótico ...</strong></font>

"Rearing Horse" - Leonardo Da Vinci

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"El caballo neurótico" ... 

Supongamos que a un caballo se le hace llegar una ligera descarga eléctrica en la pata a través de una placa metálica colocada en el suelo del establo; y supongamos tambien que unos segundos antes de cada descarga se hace sonar siempre una campana. El caballo, al cabo de un tiempo, "supondrá" que existe una relación causal entre el sonido de la campana y la descarga y, por tanto, cada vez que suene la campana, despegará una pata del suelo.

Hasta aqui todo bien, quien no ha oido hablar de Paulov y sus chuchos... esos que ensalibaban como posesos, llenandolo todito de babas, cada vez que sonaba la campana que anunciaba la comida... Pues eso... que eso está muy trillado, y nos lo han enseñado de parvulitos... Y Paulov lo llamo "reflejo condicionado" y tal...

Una vez establacido este reflejo condicionado en el caballo de turno, podemos desmontar el dispositivo eléctrico, no nos hace falta, porque inevitáblemente el caballo alzará la pata cada vez que suene la campana, creyendo evitar (el muy listo... el muy pobre...)la descarga eléctrica, en virtud de un comportamiento cuya eficacia había quedado demostrada.

Esto lleva al interesante resultado de que cada vez que el animal alza la pata y evita, por consiguente, la descarga, se confirma en su suposición de que alzar la pata es el comportamiento "adecuado" para protegerse de una experiencia desagradable. La acción queda reforzada por si misma, sin necesidad de descarga eléctrica alguna. Y con ello no hace sino consolidar este falso comportamiento.

Dicho de otra forma: este comportamiento, supuestamente adecuado, es el que imposibilita al caballo el importante descubrimiento de que ya no existe la amenaza de descarga eléctrica.

La solución se ha convertido en el problema.

Esta génesis de problemas no es en modo alguno privativo de los animales; tiene un campo de aplicación universal, válido también para la esfera humana, sólo que en este caso hablamos de síntomas neuróticos o psicóticos.

En definitiva hemos creado de este modo un caballo neurótico, presa de un problema inexistente, que tal vez en un momento existió, pero que él mismo ha perpetuado en su "mente" con lo que pensaba que era la solución correcta, la forma adecuada de actuación.

Pensemos... antes, tenía un problema real... una descarga eléctrica, que soluciona llegando a evitarla... más tarde el problema real ya no existe... pero él lo desconoce porque sigue reproduciendo la maniobra "que solucionaba el problema"... y lo que era en su momento una solución se convierte en una conducta extraña e inadecuada, desproporcionada... se convierte en un raro, en un inadaptado... el siguiente paso es convertirse en un (auto)marginado. Con todo el sufrimiento personal que conlleva cada etiqueta que hemos, y ha, ido colocando a su conducta.

En fin... que bastantes problemas reales tenemos... como para "crear" y sufrir con/por problemas que ya no existen... sufrir con/por situaciones que ya no se producen... sufrir con/por "fantasmas" que hemos creado, a fin de cuentas, nosotros mismos... "fantasmas" que un momento nos ayudaban porque "asustaban" al problema... pero que sin problema real ya solo nos asustan a nosotros mismos... y nos dan miedo... angustia... dolor... mucho miedo.

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*/ ¿Qué es la realidad? ...

<font size=4><strong>*/ ¿Qué es la realidad? ...</font></strong>

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¿Es real la realidad? ... 

La consciencia humana -es decir, el "darse cuenta"- ha supuesto -y aún hoy lo es- un largo camino de experimentación y reflexión cuya resultante es la evolución del ser. Y es que, ¿percibimos las cosas tal como son? ¿Cómo encajan nuestras percepciones con la realidad objetiva? ¿Existe esa realidad objetiva tal como nos la presentaban los científicos mecanicistas: observable, pesable y medible? ¿Cuál es la frontera que delimita lo subjetivo de lo objetivo?
Los seres humanos tenemos fundamentalmente dos fuentes de información: una externa -que nos la proporcionan los sentidos- y otra interna -que proviene de la memoria-. Si nos detenemos durante un momento a analizar los datos que percibimos por el primero de esos canales, los sentidos, nos daremos cuenta de que no es una fuente demasiado fiable. Un buen ejemplo lo tenemos en esos pasatiempos basados en dibujos de ilusiones ópticas que nos hacen confundir tamaños y formas, percibir líneas curvas como rectas y viceversa. Y es que normalmente no vemos las cosas tal como son sino como son para nosotros. Algo que nos lleva a plantearnos si no será el cerebro el que "construye" nuestra propia realidad en base a una información que interpreta o traduce de múltiples formas.
Por otra parte, también hemos de tener en cuenta que nuestro cerebro "selecciona" los estímulos que le llegan del exterior abriendo más unos sentidos e inhibiendo otros en función de la acción que vaya a desarrollar después. Es como si colocáramos un filtro ante todo lo que sucede a nuestro alrededor y desarrolláramos una especie de sensibilidad o intencionalidad que potenciaría algunos aspectos y despreciaría los restantes quedándose sólo con aquello que le interesa, con lo que es objeto de su atención. Como si de cuanto sucede alrededor únicamente fuéramos capaces de ver lo que se muestra bajo el chorro de luz que arroja una linterna. Todos los objetos iluminados serían registrados pero no el resto.
Eso nos coloca ante el siguiente postulado: percibimos no sólo lo que vemos sino lo que queremos ver. Nuestros ojos, por ejemplo, no perciben con la fidelidad del objetivo de la cámara de fotos sino que nuestro cerebro interpreta y adapta la información que recibe del exterior. Está demostrado que aunque se trate de objetos físicos no observamos lo que tenemos delante sino lo que llevamos dentro. Además, la percepción a través de los sentidos físicos es siempre relativa a un marco de referencias y, por supuesto, siempre subjetiva. Desde el punto de vista filosófico podríamos decir que lo que vemos en realidad son nuestras propias ideas.
Esto es aplicable incluso cuando nos referimos al mundo de las percepciones más ambiguas -como una sombra sin forma definida, por ejemplo-. Para alguien con miedo puede representar un peligro, un enemigo que le ataca; en cambio, para alguien que tiene obsesiones sexuales puede ser traducido con un significado erótico.
Hay gran cantidad de experimentos -tanto con animales como con personas- que demuestran estas afirmaciones: gatitos recién nacidos a los que se les colocó en un entorno donde sólo existían barras verticales a su alrededor. En otra sala, a otro grupo de gatitos se les rodeó de objetos horizontales. Tras varias semanas de aclimatación, cuando se les cambió de sala tantos unos como otros chocaban repetidamente contra los objetos que no eran capaces de "ver" a pesar de tenerlos ante sus ojos.
En el caso de los seres humanos, los experimentos de Solomon Asch demostraron que incluso ante una percepción obvia un sujeto puede negarla si se encuentra rodeado por otros que aseguran ver algo distinto. La persona sugestionable es capaz de renunciar a su propio criterio y convicción para ajustarla a la de los demás. Eso nos indica que el ser humano -mediante determinadas técnicas- es capaz de cambiar sus actitudes, sus gustos y sus tendencias, algo que conocen bien las agencias de publicidad o los partidos políticos cuando ponen en marcha su propaganda electoral o las campañas promovidas por los medios de comunicación de masas. Técnicas que van a influir, sin duda, sobre los hábitos, las modas, las ideas, los convencionalismos sociales, los gustos, etc., de las personas.
Por otra parte, cada uno de los acontecimientos que hemos vivido desde que nacimos, la educación que hemos recibido, las ideas que la religión ha implantado en nuestra mente, las convicciones arraigadas, toda nuestra experiencia, en suma, conforma un cuerpo de creencias dentro del cual nos sentimos seguros. Esas creencias las colocamos a nuestro alrededor como si se tratara de escudos o barrotes que impiden que las cosas del exterior nos lleguen; de esa forma nos protegemos del entorno. Pensamos que las creencias firmes nos hacen fuertes. De hecho, es bastante habitual oír a alguien presumir de lo "intocable" de sus ideas. Pero en realidad lo que sucede es que esas creencias le están proporcionando a la persona una colección de "filtros" de distintos colores a través de los cuales va a observar la realidad. Y eso, en un mundo de interrelaciones personales tan complejo como el nuestro supone una fuente inagotable de conflictos. Pues si la información que nos llega del exterior es seleccionada en base a criterios absolutamente personales y, además, se mezcla con la que proviene de la propia experiencia no cabe duda de que un mismo hecho podrá ser interpretado por cada ser humano de forma absolutamente personalizada.
Así pues, podríamos decir que la realidad es aquello que uno admite como posible y que intenta comprobar mediante la experiencia posterior, que es un hecho; aunque lo cierto es que nada es real, todo es subjetivo en función de las creencias internas y sólo vemos aquello que aceptamos que existe. Sólo eso. De ahí que la defensa a ultranza de la propia verdad, el empeño en dar testimonio de la realidad, sea algo absurdo que sólo puede conducirnos al aislamiento o a la imposición.
El ser humano sólo puede dar testimonio de lo que siente; todo lo demás son creencias. Los sentimientos se generan dentro del ser y corresponden a su personalidad interna, a su parte más esencial, esa que no estaría contaminada por la educación o la cultura sino que correspondería al conjunto de sus valores más profundos, a lo innato, no a lo aprendido.
Para la persona, los sentimientos son una realidad objetiva independientemente de que se manifiesten o no, o de dónde o cuando lo hagan. Sin embargo, sí es importante reconocerlos y expresarlos porque al hacerlo mostramos nuestra parte más auténtica, que además despertará resonancias en nuestros seres cercanos. No olvidemos que son las ideas, las creencias, las concepciones mentales las que nos separan, las que conforman la auténtica cárcel donde nos encerramos. Recordemos las palabras de Ghandi: "Cada día estoy más convencido de que la naturaleza humana es la misma en todas partes, sin importar la tierra que se pisa o el cielo que se contempla, y que cuando uno se acerca a los hombres con confianza y afecto recibe esos mismos sentimientos quintuplicados".
Muchos grandes filósofos nos hablan de la necesidad de colocar nuestro punto de apoyo fundamental en el corazón. Durante mucho tiempo nos hemos polarizado en el mundo de la mente, del razonamiento a ultranza, y ello nos ha llevado a manejarnos en un mundo concreto, a dibujar una realidad que está plagada de fronteras, unas veces geográficas o sociales pero, las más, puramente personales.
El siguiente paso para los seres humanos será romper las propias barreras y romper su soledad deshaciéndose de sus miedos y aprendiendo a ir hacia los demás saliendo de la falsa prisión de sus creencias.
Tal vez las voces que ya se empiezan a oír sobre la necesidad de aprender a pensar con el corazón, la conveniencia de comunicarse desde el corazón, la importancia de reconocer los sentimientos, etc., representen un nuevo camino -difícil de recorrer al principio- que pueda ayudarnos a identificar nuestras realidades subjetivas con un espíritu mucho más abierto capaz de captar la riqueza que proporciona la diversidad de nuestro mundo.
Tal vez sea necesaria la energía extra que proviene del corazón -como generador de sentimientos- para aunar en un todo mucho mayor la subjetividad de cada ser como si cada uno tuviésemos una pieza de un gigantesco puzzle capaz de conformar juntos una imagen coherente: la de una realidad con mayúsculas.

 

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*/ Un acto de amor ...

<font size=4><strong>*/ Un acto de amor ...</font></strong>

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Un texto de

Tomás Eloy Martínez 

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Estamos en la vida para dejar una señal. No todo el mundo escribe un libro pero basta con un rastro, una imagen, una música, una canción, una palabra. Basta con que un acto de amor sea recordado por un ser humano para justificar una existencia.



 

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*/ Basura ...

<font size=4><strong>*/ Basura ...</font></strong>

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televisión basura
contrato basura
comida basura
conviertete
en un feliz
vertedero



 

(Palabras con forma de cubo de basura)

 

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*/ Pájaros de barro ...

<font size=4><strong>*/ Pájaros de barro ...</strong></font>

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Canción de Manolo García
del disco "Arena en los bolsillos"

 



Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy cierro yo el libro
de las horas muertas.
Hago pájaros de barro.
Hago pájaros de barro y los echo a volar.

Por si el tiempo me arrastra
a playas desiertas,
hoy rechazo la bajeza
del abandono y la pena.
Ni una página en blanco más.
Siento el asombro de un transeúnte solitario.

En los mapas me pierdo.
Por sus hojas navego.
Ahora sopla el viento,
cuando el mar quedó lejos hace tiempo.

Ya no subo la cuesta
que me lleva a tu casa.
Ya no duerme mi perro junto a tu candela.
En los vértices del tiempo anidan los sentimientos.
Hoy son pájaros de barro que quieren volar.

En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.
Ahora sopla el viento.
Cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
Cuando no tengo barca, remos ni guitarra.
Cuando ya no canta el ruiseñor de la mañana.

Ahora sopla el viento.
Cuando el mar quedó lejos hace tiempo.
En los valles me pierdo,
en las carreteras duermo.

 

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*/ La obediencia a la autoridad ...

<font size=4><strong>*/ La obediencia a la autoridad ...</strong></font>

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Foto publicada en el New Yorker en la que se muestra a un preso Iraki al que le han amenazada que moriría electrocutado si caía de la caja y pisaba el suelo. Hecho ocurrido en la prisión de Abu Ghraib, en lo que era Irak y ahora es una muestra más (no olvidemos Guantanamo) de la impunidad de los Estados Unidos de Bush.
Galería de fotos del New Yorker



 

LOS EXPERIMENTOS DE MILGRAM



¿Podría una persona normal llegar a torturar o asesinar a alguien sólo por obedecer órdenes o tendríamos que llegar a la conclusión de que se trata de un perturbado?
Cuando un psicólogo llamado Milgram trató de responder a esta pregunta, él mismo quedó sorprendido ante los resultados.

Cuando, a finales de los años sesenta, Adolf Eichmann fue juzgado por los crímenes contra la humanidad cometidos durante el régimen nazi, el mundo entero se preguntó cómo era posible que alguien llegara a cometer semejantes atrocidades a millones de personas inocentes. Muchos pensaron que Eichmann tenía que ser un loco o un sádico y que no era posible que fuese como el resto de las personas normales que caminan junto a nosotros cada día por las calles, se sientan en la mesa de al lado en nuestro restaurante o viven en el piso de arriba en nuestro mismo edificio. Sin embargo, nada hacía pensar que Eichmann fuese distinto a los demás. Parecía ser un hombre completamente normal e incluso aburrido. Un padre de familia que había vivido una vida corriente y que afirmaba no tener nada en contra de los judíos. Cada vez que le preguntaban por el motivo de su comportamiento, él respondía con la misma frase: "cumplía órdenes".

A raíz de esto, un psicólogo social norteamericano llamado Stanley Milgram empezó a hacerse preguntas acerca de la obediencia a la autoridad y a plantearse si cualquiera de nosotros seríamos capaces de llegar a la tortura y el asesinato sólo por cumplir órdenes. Él pensaba que la respuesta a esta pregunta sería un rotundo no, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde se da gran importancia a la individualidad, la autonomía y la independencia de las personas, y más aún en el caso de que las órdenes implicaran hacer daño a alguien.

Para comprobarlo diseñó un experimento que se llevó a cabo en un laboratorio de la universidad de Yale. Los resultados fueron tan sorprendentes que dejaron boquiabierta no sólo a la comunidad científica, sino también al público en general, que llegó a tener conocimiento de dicho experimento debido a la gran atención que le prestaron los medios de comunicación, llegando a convertirse en el experimento más famoso dentro del campo de la psicología social.

Experimento

A través de anuncios en un periódico de New Haven, Connecticut, Milgram seleccionó a un grupo de hombres de todo tipo de entre 25 y 50 años de edad a quienes pagaron cuatro dólares y una dieta por desplazamiento por participar en un estudio sobre "la memoria y el aprendizaje". Estas personas no sabían que en realidad iban a participar en una investigación sobre la obediencia, pues dicho conocimiento habría influido en los resultados del experimento, impidiendo la obtención de datos fiables.

Cuando el participante (o sujeto experimental) llega al impresionante laboratorio de Yale, se encuentra con un experimentador (un hombre con una bata blanca) y un compañero que, como él, iba a participar en la investigación. Mientras que el compañero parece estar un poco nervioso, el experimentador se muestra en todo momento seguro de sí mismo y les explica a ambos que el objetivo del experimento es comprender mejor la relación que existe entre el castigo y el aprendizaje. Les dice que es muy poca la investigación que se ha realizado hasta el momento y que no se sabe cuánto castigo es necesaria para un mejor aprendizaje.

Uno de los dos participantes sería elegido al azar para hacer de maestro y al otro le correspondería el papel de alumno. La tarea del maestro consistía en leer pares de palabras al alumno y luego éste debería ser capaz de recordar la segunda palabra del par después de que el maestro le dijese la primera. Si fallaba, el maestro tendría que darle una descarga eléctrica como una forma de reforzar el aprendizaje.

Ambos introducen la mano en una caja y sacan un papel doblado que determinará sus roles en el experimento. En el de nuestro sujeto experimental está escrita la palabra maestro. Los tres hombres se dirigen a una sala adyacente donde hay una aparato muy similar a una silla eléctrica. El alumno se sienta en ella y el experimentador lo ata con correas diciendo que es "para impedir un movimiento excesivo". Luego le coloca un electrodo en el brazo utilizando una crema "para evitar que se produzcan quemaduras o ampollas". Afirma que las descargas pueden ser extremadamente dolorosas pero que no causarán ningún daño permanente. Antes de comenzar, les aplica a ambos una descarga de 45 voltios para "probar el equipo", lo cual permite al maestro comprobar la medianamente desagradable sensación a la que sería sometido el alumno durante la primera fase del experimento. En la máquina hay 30 llaves marcadas con etiquetas que indican el nivel de descarga, comenzando con 15 voltios, etiquetado como descarga leve, y aumentando de 15 en 15 hasta llegar a 450 voltios, cuya etiqueta decía "peligro: descarga severa". Cada vez que el alumno falle, el maestro tendrá que aplicarle una descarga que comenzará en el nivel más bajo e irá aumentando progresivamente en cada nueva serie de preguntas.

El experimentador y el maestro vuelven a la habitación de al lado y el experimento comienza. El maestro lee las palabras a través de un micrófono y puede escuchar las respuestas del alumno. Los errores iniciales son castigados con descargas leves, pero conforme el nivel de descarga aumenta, el maestro empieza a escuchar sus quejas, concretamente a los 75 voltios. En este momento el maestro empieza a ponerse nervioso pero cada vez que duda, el experimentador le empuja a continuar. A los 120 voltios el alumno grita diciendo que las descargas son dolorosas. A los 135 aúlla de dolor. A los 150 anuncia que se niega a continuar. A los 180 grita diciendo que no puede soportarlo. A los 270 su grito es de agonía, y a partir de los 300 voltios está con estertores y ya no responde a las preguntas.

El maestro, así como el resto de personas que hacen de maestros durante el experimento, se va sintiendo cada vez más ansioso. Muchos sonríen nerviosamente, se retuercen las manos, tartamudean, se clavan las uñas en la carne, piden que se les permita abandonar e incluso algunos se ofrecen para ocupar el lugar de alumno. Pero cada vez que el maestro intenta detenerse, el experimentador le dice impasible: "Por favor, continúe". Si sigue dudando utiliza la siguiente frase: "El experimento requiere que continúe". Después: "Es absolutamente esencial que continúe" y por último: "No tiene elección. Debe continuar". Si después de esta frase se siguen negando, el experimento se suspende.

Los resultados

Los datos obtenidos en el experimento superaron todas las expectativas. Si bien las encuestas hechas a estudiantes, adultos de clase media y psiquiatras, habían predicho un promedio de descarga máxima de 130 voltios y una obediencia del 0%, lo cierto es que el 62,5 % de los sujetos obedeció, llegando hasta los 450 voltios, incluso aunque después de los 300 el alumno no diese ya señales de vida.

Por supuesto, aquí es necesario añadir que el alumno era en realidad un cómplice del experimentador que no recibió descarga alguna. Lo que nuestro ingenuo participante escuchaba era una grabación con gemidos y gritos de dolor que era la misma para todo el grupo experimental. Tampoco se asignaba el papel de maestro o alumno al azar, ya que en ambas hojas estaba escrita la palabra maestro. Sin embargo, estas personas no supieron nada del engaño hasta el final de experimento. Para ellos, los angustiosos gritos de dolor eran reales y aún así la mayoría de ellos continuó hasta el final.

Lógicamente, lo primero que se preguntaron los atónitos investigadores fue cómo era posible que se hubiesen obtenido estos resultados. ¿Eran acaso todos ellos unos sádicos sin corazón? Su propia conducta demuestra que esto no era así, pues todos se mostraban preocupados y cada vez más ansiosos ante el cariz que estaba tomando la situación, y al enterarse de que en realidad no habían hecho daño a nadie suspiraban aliviados. Cuando el experimento terminaba muchos se limpiaban el sudor de la frente, movían la cabeza de un lado a otro como lamentando lo ocurrido o encendían rápidamente un cigarro. Tampoco puede argumentarse que no fuesen del todo conscientes del dolor de las otras personas, pues cuando al finalizar el experimento les preguntaron cómo de dolorosa pensaban que había sido la experiencia para el alumno, la respuesta media fue de 13,42 en una escala que va de 1 (no era dolorosa en absoluto) a 14 (extremadamente dolorosa).

Paso a paso hasta la tortura

Los participantes comenzaron aplicando descargas leves de 15 voltios, que no suponían más que una simple molestia. Después, un poco más, aumentando gradualmente la intensidad de la descarga. Esta secuencia también contribuía a que los sujetos se viesen inmersos en la trampa de la obediencia. Además, llegaron engañados, sin que jamás se les hubiese pasado por la cabeza que acabarían haciendo tanto daño a alguien. Tampoco imaginaban que el alumno cometería tal número de errores al hacer algo tan sencillo (esto también estaba amañado de antemano), ni que las descargas llegarían a ser tan fuertes. Por otro lado, los participantes habían accedido a participar voluntariamente y, por tanto, habían reconocido al experimentador como autoridad legítima, y el hecho de haber obedecido durante las primeras fases podía estar empujándolos a continuar haciéndolo.

La explicación

Según Milgram, lo que sucedió fue que los sujetos entraron en lo que él llamó "estado de agente", caracterizado por el hecho de que el individuo se ve a sí mismo como un agente ejecutivo de una autoridad que considera legítima. Aunque la mayoría de las personas se consideran autónomas, independientes e iniciadoras de sus actos en muchas situaciones, cuando entran en una estructura jerárquica pueden dejar de verse de ese modo y descargar la responsabilidad de sus actos en la persona que tiene el rango superior o el poder. Recordemos que los individuos del experimento accedían voluntariamente a realizarlo, aunque en ningún momento les dijeron que estarían en una situación en la que tendrían que obedecer órdenes. Tampoco era necesario. La estructura social del experimento activaba con fuerza una norma social que todos hemos aprendido desde niños: "Debes obedecer a una autoridad legítima", entre ellos los representantes de instituciones universitarias y científicas (o los profesores en los colegios), policías, bomberos, oficiales de mayor rango en el ejército, etc. Cuando el sujeto entra libremente en una organización social jerárquica, acepta, en mayor o menor medida, que su pensamiento y sus actos sean regulados por la ideología de su institución.

Para obedecer, por tanto, la autoridad debe ser considerada legítima. En los experimentos de Milgram la figura de autoridad se reconocía fácilmente, como sucede en muchas situaciones de la vida real: científicos y médicos llevan batas blancas, los policías y los bomberos llevan uniformes, etc. Todos estos símbolos son capaces de activar la norma de obediencia a la autoridad.

Por este motivo, Eichmann repetía continuamente que sólo obedecía órdenes. Se consideraba parte del aparato técnico no pensante, sin tener en cuenta la posibilidad de que podría o debería controlar su propia conducta y ser responsable de ella. Por otra parte, cuando los individuos creen que ellos, y no la autoridad, son los únicos responsables de sus actos, la obediencia cede.

Sin embargo, no todo el mundo responde de la misma forma ante la autoridad. Algunos piensan que todos los ciudadanos deben obediencia ciega a una autoridad legítima. Según estas personas, los subordinados no son responsables de su propia conducta cuando obedecen órdenes. Otros, en cambio, creen que las personas siempre son responsables de sus actos y al encontrarse ante una autoridad que les da órdenes que van contra sus propios valores, se resisten a obedecer.

Pero estos no son los únicos factores que intervienen en la explicación de los hechos. Cada vez que el maestro protestaba, el experimentador centraba su atención en la norma de la obediencia: "el experimento exige que continúe", "no tiene elección", y su calma ante el sufrimiento del alumno y ante las dudas del maestro, parecían indicarle a este último que, en esa situación, la conducta apropiada era obedecer por el bien del experimento, por fines superiores como la ciencia y el conocimiento.

Aún así, otra norma social que también habían aprendido estas personas desde su infancia les recordaba que no se debe hacer daño a los demás y que debemos prestarles nuestra ayuda cuando la necesiten. Este dilema les producía una gran ansiedad porque sabían que no estaban haciendo nada para aliviar el sufrimientos de esas personas. Milgram había logrado resaltar la norma de la obediencia y la situación incitaba a los maestros a prestar menos atención a la norma de ayuda a los demás (o responsabilidad social). Pero, ¿qué pasa cuando acentuamos la norma de la responsabilidad social? Como hemos visto, cuanto más próxima está la víctima al individuo, como cuando tenían que sujetar su mano sobre la placa, menor es la obediencia. Del mismo modo que la persona que espía por el ojo de una cerradura se llena de vergüenza al ser descubierta, el individuo que mira a los ojos de su víctima mientras le aplica la descarga, se ve reflejado en ella; las consecuencias de sus actos son demasiado evidentes, el nexo entre acción y consecuencia es palpable y los ojos de su víctima son el espejo en el que se refleja su propio rostro y lo hace más consciente de sí mismo y, por tanto, de sus actos, lo que lleva a un aumento de su sensación de responsabilidad ante ellos. Esto hace que la norma de responsabilidad social tenga más poder que la de la obediencia.

Por este motivo, es mucho más fácil firmar un papel decretando la muerte de una persona, tirar una bomba desde un avión o apretar un botón que lance un misil en dirección a un país vecino, que torturar o matar a alguien directamente. Según cuentan algunos testigos, el mismo Eichmann se vino abajo cuando se vio forzado a recorrer los campos de concentración en los que había ordenado encerrar a tanta gente. Probablemente, una persona que se considerase plenamente responsable de sus actos se habría preocupado por saber, al menos, cuál sería el verdadero destino de esas personas y qué era lo que realmente estaba haciendo con ellas.

 

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*/ La influencia social en el criterio propio ...

<font size=4><strong>*/ La influencia social en el criterio propio ...</strong></font>

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En un notable experimento realizado por el psicólogo Solomon Asch, pidió a un grupo de estudiantes universitarios que observaran líneas de diferente longitud y luego luego las aparearan con una idéntica elegida entre tres alternativas.





La discriminación visual era muy fácil de hacer y los estudiantes podían aparear las líneas con una precisión casi total cuando trabajaban solos.

Luego los investigadores recurrieron a un subterfugio para confundir su juicio.

En la habitación donde se realizaba la prueba hicieron entrar a otros estudiantes a quienes aparentemente se los había invitado a realizar la misma prueba, pero que en realidad eran miembros del equipo de investigación a quienes se había pedido que falsificaran deliberadamente sus respuestas. Esto tuvo un efecto desastroso en el rendimiento de los primeros estudiantes, cuyos juicios comenzaron a tambalear desde el momento en que descubrieron que sus opiniones estaban en conflicto con las de los recién llegados. En lugar de mantener su propia evaluación, tres cuartas partes de los estudiantes comenzaron a sufrir la influencia de las evaluaciones falsificadas de quienes les rodeaban.

Como resultado sus puntuaciones cayeron drásticamente. Aun cuando la opinión de la mayoría era obvia y groseramente incorrecta, muchos prefirieron seguir al grupo en lugar de afirmar su propio juicio.

 

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*/ Botella al mar - Mario Benedetti ...

<font size=4><strong>*/ Botella al mar - Mario Benedetti ...</font></strong>

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Botella al Mar

Mario Benedetti



El mar un azar
VICENTE HUIDOBRO



Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

 

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*/ El poder de las formas ...

<font size=4><strong>*/ El poder de las formas ...</font></strong>

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Cuestión de formas ...

Un joven que se quedó sin dinero durante su viaje de vacaciones, y mandó un telegrama a su padre: "Papá, mándame más dinero".

Cuando el padre abrió el telegrama, se puso furioso. Llamó a su esposa y lo leyó en voz alta, en un tono cortante e imperativo: "¡Papá, mándame más dinero!". Y protestó contra la insolencia de su hijo.

La madre, que quería protegerlo, cogió el telegrama y dijo :

-No lo dice así, querido. Escucha cómo suena.

Y leyó la frase en un tono cariñoso, respetuoso y suplicante.

-Ah, bueno...- respondió el marido-. Si me lo pide de esta manera, de acuerdo. Le mandaré el dinero.
 

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*/ La comunicación empática ...

<font size=4><strong>*/ La comunicación empática ...</font></strong>

 

 

"Bajo la clave adecuada, uno puede decir cualquier cosa;

bajo la clave equivocada, nada vale.

Acertar con la clave es lo esencial".

George Bernard Shaw




La comunicación es el acto central de la vida humana.

La comunicación es posible, entre los hombres, porque todas las cosas, externas o internas, son representables.

Pero el hecho de representar, para otros, las cosas externas o internas, no es un proceso simple. ‘Una de las cosas más difíciles del mundo’, escribió Lewis Carroll en su libro ‘ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS’, ‘es transmitir las ideas con exactitud de una mente a otra’.


Llamamos genéricamente proceso de comunicación a los fenómenos de intercambio de información. Estos fenómenos se dan en dos pasos:

1) Hay que comprender y transmitir una situación o hecho.

2) Hay que escoger y transmitir bien los diferentes signos que pueden expresarla.

En la comunicación humana, el mensaje sólo puede transmitirse a través de una codificación. Una letra, una palabra van ‘codificadas’ en un texto, con una determinada entonación o escrito en determinada forma. Si la palabra ‘alma’, por ejemplo, va en la frase ‘te quiero con toda el alma’, tiene diverso sentido de si va en esta otra : ‘el hombre consta de alma y cuerpo’.


El mensaje humano tiene, pues, una codificación por parte del emisor y una descodificación por parte del receptor. Este sólo podrá descodificar la frase y por tanto entenderla, si está al tanto del código empleado. De ahí la importancia de que toda persona que intenta influir en otra en cualquier campo (religioso, político, comercial...) conozca el lenguaje que es capaz de comprender su receptor y se acomode a él. El código que domina el receptor es la regla a que debe ajustarse el emisor y no viceversa.

Pero la comunicación no es solamente un intercambio de información a través de códigos, sino una comunión de significados. En el contacto entre dos o más personas, también se intercambian o crean impresiones y actitudes.

La comunicación es, además, una concordancia emotiva. Es el hilo invisible que une o desune a los seres humanos..

Por otro lado, hay circunstancias en las que aun la información más objetiva presenta una carga emocional muy alta. Pensemos, por ejemplo, en el momento en que un Gerente General comunique los datos referentes al rendimiento de la empresa. Es inevitable que esta situación desencadene ciertas emociones; entre otras miedo, ansiedad o vergüenza.

Si las personas involucradas no logran superar el nivel de comunicación objetiva, se levantará entre ambas una barrera que impedirá llegar a un entendimiento. Si, por el contrario, el Gerente General enfrenta el aspecto emocional al aceptar el enojo de un subordinado por recibir una valoración tan negativa, ambos tienen más posibilidades de aplicar su experiencia en beneficio de la relación. Al hablar de la preocupación del empleado sobre los hechos, éste los aceptará con más facilidad.


Por eso es tan importante escuchar empáticamente (sin juzgar y poniéndose en el lugar del otro), porque es el primer paso hacia comunicación saludable y eficiente.

Las relaciones de comunicación requieren un desarrollo, implican confianza y comodidad, y ambas se alimentan con el transcurso del tiempo y con el ejercicio de la empatía. Una buena relación de comunicación nos permite saber que si nuestro proveedor se retrasa no es debido a una falta de respeto o a negligencia, sino a una sobrecarga de trabajo. La relación se da en un clima de confianza mutua y es tan cómoda para ambas partes que intercambiamos información sobre nuestras respectivas empresas, lo cual nos ayuda a realizar el trabajo mejor y a entendernos como personas.

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*/ Reir ...

<font size=4><strong>*/ Reir ...</font></strong>

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Según Edward Dunkelblau, presidente de la Asociación Americana de Humor Terapéutico, las investigaciones muestran que:

--> Los niños ríen más de doscientas veces al día.
--> Los adultos ríen una media de quince veces diarias.

 



¿Qué ha pasado con las 185 risas restantes?
... ¡Qué gran pérdida! ...

 

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*/ Autoconciencia ...

<font size=4><strong>*/ Autoconciencia ...</font></strong>

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"El dolor termina sólo a través del conocimiento propio,

de la lúcida percepción alerta de cada pensamiento y sentimiento,

de cada uno de los movimientos de lo consciente y lo oculto".

Krishnamurti

 

 



La Inteligencia Emocional comienza con la autoconciencia. El término conciencia se usa para distinguir, entre las funciones mentales, las características que se refieren tanto al llamado ’estado de conciencia’, o para designar los procesos internos del hombre de los que es posible adquirir conciencia, y es en este último sentido que utilizamos el término autoconciencia.

En el primer caso, la conciencia es vigilancia o estado de alerta y coincide con la participación del individuo en los acontecimientos del ambiente que le rodea.

La autoconciencia no es una función tan simple y directa como pudiera parecer a primera vista, y menos respecto a nuestras emociones. Si digo, por ejemplo, que estoy enojado/a, quizá lo esté, pero puede que también esté equivocado/a. Puede que en realidad tenga miedo, esté celoso/a, o que sienta las dos cosas.

¿Cómo hacemos para tener una conciencia exacta de lo que nos está pasando (en el cuerpo) y qué estamos sintiendo (en la mente)?

A esta pregunta responde el principio de la autoconciencia, primer paso de la Inteligencia Emocional, porque ésta sólo se da cuando la información afectiva entra en el sistema perceptivo.

Por ejemplo, para poder controlar nuestra irritabilidad debemos ser conscientes de cuál es el o los agentes desencadenantes, y cuál es el proceso por el que surge tan poderosa emoción; sólo entonces podremos aprender a aplacarla y a utilizarla de forma apropiada. Para evitar el desaliento y motivarnos, debemos ser conscientes de la razón por la que permitimos que ciertos hechos o las afirmaciones negativas sobre nosotros afecten nuestro ánimo.

Para ayudar a otros a ayudarse a sí mismos, debemos ser conscientes de nuestra implicación emocional en la relación.

La clave de la autoconciencia está en SABER SINTONIZAR con la abundante información -nuestros Sensaciones, Sentimientos, Valoraciones, Intenciones y Acciones - de que disponemos sobre nosotros mismos. Esta información nos ayuda a comprender cómo respondemos, nos comportamos, comunicamos y funcionamos en diversas situaciones. Al procesamiento de toda esta información es a lo que llamamos autoconsciencia.

Un alto grado de autoconciencia puede ayudarnos en todas las áreas de la vida, y especialmente en ella enseñanza, el estudio y el aprendizaje.

Junto con los sentimientos o las emociones aparecen manifestaciones físicas como transpirar, respirar con dificultad, la tensión o la fatiga. Y también hay manifestaciones cognitivas (p. ej.: de emociones angustiantes), como una falta de concentración, conducta motriz o física desacelerada, congelación o abarrotamiento y bloqueo de los procesos del pensamiento, tales como el olvido o la confusión.

Una herramienta clave de la autoconciencia es la toma de conciencia del propio cuerpo y de sus señales de excitación.

Tenemos que llegar a ser capaces de describir nuestro cuerpo y nuestra mente con vívido detalle, incluida la respiración, la transpiración, el desasosiego, la falta de concentración, los pensamientos inquietantes, el contenido de esos pensamientos (p.ej.: en el caso de miedo o preocupación, los peligros específicos que promueven esos estados anímicos).

Empezar a mirar las manifestaciones exteriores de excitación interior como absolutamente naturales y comunes. Comprender que no matan, y saber positivamente que la conciencia les va quitando el poder a esas señales.

Si una persona tiene poca autoconciencia o conocimiento de sí mismo/a, ignorará sus propias debilidades y carecerá de la seguridad que brinda el tener una evaluación correcta de las propias fuerzas.

Las personas que tienen autoconciencia también pueden ser capaces de energizar a los demás, de comprometerse y confiar en quienes desarrollan una tarea con ellos.

  

 

 

 

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*/ El hombre aproximativo ...

<font size=4><strong>*/ El hombre aproximativo ...</strong></font>

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El hombre aproximativo

Tristan Tzara, 1930

[fragmento]

 



el agua del río ha lavado tanto su lecho

que también la luz resbala en la onda lisa

y cae al fondo con el sordo golpe de las piedras

las campanas suenan sin razón y nosotros también

los cuidados que llevamos con nosotros

que son nuestras ropas interiores

que nos ponemos todas las mañanas

que la noche deshace con manos de sueño

adornadas de inútiles jeroglíficos metálicos

purificados en el baño de paisajes circulares

en las ciudades preparados a la carnaza al sacrificio

cerca de los mares a los balanceos de perspectivas

en las montañas a las inquietas severidades

en los pueblos a las dolorosas negligencias

la mano que pesa sobre la cabeza

las campanas suenan sin razón y nosotros también

partimos con las partidas llegamos con las llegadas

partimos con las partidas llegamos cuando los demás parten

sin razón un poco secos un poco duros severos

pan alimento más pan que acompaña

la canción sabrosa en la gama de la lengua

los colores descargan sus pesos y piensan

y piensan o gritan y quedan y se alimentan

de frutos ligeros como el humo

quien piensa en el calor que arruga la palabra

palabra de su hueso el sueño que se llama nosotros

 

 

 

 

 

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*/ Nudos ...

<font size=4><strong>*/ Nudos ...</strong></font>

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Para cuando C me llamó por teléfono, nervioso e impaciente, O ya me había dado su versión de lo hechos, M le había llamado, y, con su pedante verborrea, le había aconsejado que no diese por buenas las palabras de U, al que calificó de fantasioso e infantil, liante y mentiroso, y al que N había utilizado, de forma descarada, dijó, para que con sus opiniones engañase a I, el cual siempre se había querido quedar al margen de todo el asunto... así que.. hay está C, al otro lado de la linea, explicándome lo que A, angustiado, como siempre, le había contado sobre el triste suceso que nos tenía a todos en vilo, y C insistiendo en lo que él da, sin base real alguna, por cierto, y acusando a I, de forma casi obsesiva, de una presunta falsa imparcialidad, involucrando, además, a O, del que me consta su inocencia, en lo que el califica como una trama premeditada... yo, antes, había querido llamar a N, saber su verdadera opinión, pero estaba... comunicando... siempre comunicando...

 

 

 

 

  

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*/ Soy un Accidente ...

<font size= 4><strong>*/ Soy un Accidente ...</strong></font>

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"Soy un accidente"
Letra de una canción del grupo

"El último de la fila"


 

Soy un accidente,
un error de medida.
Un viajero de barro
que se lleva la corriente...
Soy el salvaje que derriba sus dioses,
que se atrinchera en tu cama.
Soy la galerna que te azota.
¡Yo conjuro al huracán!
Soy el hombre que veis.
Eso digo a mis pocos amigos.
Quisiera no correr,
quedarme a ser tu torbellino.
Busco una orilla extraña
pero yo no soy Ulises.
Que nadie me ate
cuando las sirenas canten.
No trato de conseguir perdurar
porque sé que sólo soy un accidente.
Tú eres el fuego,
yo la zarza que no se consume.
Tú las murallas,
yo enemigo que vela.
Y cuando vuelva
el guardián del universo,
a pedir cuentas,
delvolveré el trigo a su dueño.
No pretendo conseguir perdurar
porque sé que sólo soy un accidente.
Soy como un animal
agazapado y vigilante.
Soy el caos
o sólo un alma polvorienta.
Soy un accidente...

 

 

 

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*/ Más sobre la EMPATIA ...

<font size=4><strong>*/ Más sobre la EMPATIA ...</strong></font>

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EMPATÍA


¿Reconoce usted los sentimientos de las demás personas? ¿Comprende por qué los demás se sienten así? Esta es la habilidad de ‘sentir con los demás’, de experimentar las emociones de los otros como si fuesen propias.

Cuando desarrollamos la empatía (la cuarta de las habilidades prácticas de la Inteligencia Emocional) las emociones de los demás resuenan en nosotros. Sentimos cuáles son los sentimientos del otro, cuán fuertes son y qué cosas los provocan. Esto es difícil para algunas personas, pero en cambio, para otras, es tan sencillo que pueden leer los sentimientos tal como si se tratase de un libro.

Es importante aquí hacer una distinción entre la empatía y la simpatía. La simpatía es un proceso que nos permite sentir los mismos estados emocionales que sienten los demás, los comprendamos o no.

Sin embargo, la simpatía es un proceso puramente emocional, que tiene con la empatía la misma relación que puede tener un cuadro prehecho con la obra de un artista. En el primero, podemos llenar los espacios correctos con los colores adecuados o las emociones adecuadas, y obtener una copia aceptable del original, sin necesidad de entender claramente qué significa el cuadro.

La empatía es algo diferente: involucra nuestras propias emociones, y por eso entendemos cabalmente los sentimientos de los demás, porque los sentimos en nuestros corazones además de comprenderlos con nuestras mentes. Pero además, y fundamentalmente, la empatía incluye la comprensión de las perspectivas, pensamientos, deseos y creencias ajenos.

La simpatía es un pobre sustituto de la empatía, si bien en algunos casos, en los cuales las personas no pueden sentir empatía respecto de algunas emociones, la simpatía es mejor que nada. Sin embargo, para avanzar al siguiente estadio de la conciencia emocional, se requiere verdadera empatía.

Ser una persona altamente empática puede tener sus desventajas. Una persona empática es muy consciente de todo un complejo universo de información emocional, a veces dolorosa e intolerable, que otros no perciben.

Las personas que tienen empatía están mucho más adaptadas a las sutiles señales sociales que indican lo que otros necesitan o quieren. Esto los hace mejores en profesiones tales como la enseñanza, las ventas y la administración.

 

 

 

 

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*/ El hombre aproximativo ...

<strong><font size=4>*/ El hombre aproximativo ...</strong></font>

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El hombre aproximativo

Tristan Tzara - (1930)


(fragmento)

 



las campanas suenan sin razón y nosotros también

los ojos de las frutas nos miran atentamente

y todas nuestras acciones son controladas no hay nada oculto

el agua del río ha lavado tanto su lecho

transporta a los dos hijos de las miradas que han arrastrado pies de los muros

en los brazos desgastados de la vida

atraído a los débiles unidos a las tentaciones, agotado de éxtasis

abierto al fondo de las viejas variantes

y desatadas las fuentes de las lágrimas prisioneras

las fuentes sujetas a los cotidianos ahogos

las miradas que agarran con manos desechadas

el claro producto del día o la ensombrecida aparición

que dan a cuidadosa riqueza de la sonrisa

atornillada como en una flor en el ojal de la mañana

los que solicitan el alimento o la voluptuosidad

los realizadores que reciben eléctricas vibraciones los sobresaltos

las aventuras el fuego la certidumbre o la esclavitud

las miradas que se han arrastrado a lo largo de discretas tormentas

han consumido los adoquines de las ciudades y expiado muchas bajezas en las limosnas

se siguen cerradas alrededor de las cintas de agua

y corren hacia los mares llevándose su peso

las humanas basuras y sus milagros

 

 

 

 

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*/ Equilibrios ...

<font size=4><strong>*/ Equilibrios ...</font></strong>

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su sombra eligió el alambre
el absurdo equilibrio de las formas
el vértigo de las manos en el rostro
la titubeante torpeza de los pasos
mirar al frente al vacío
y cerrar los ojos sobre la nostalgia
sin caer en la tupida red de la melancolía
porque solo si piensas en una caída...
... puede existir el suelo
y el futuro entonces
es una linea recta tensa infinita
que haces vibrar con tus pies
cuerda de guitarra
con eco de latidos
su sombra eligió el alambre
el camino más corto
entre su corazón y sus dudas

 

 

 

 

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*/ El experimento de la esperanza ...

<strong><font size=4>*/ El experimento de la esperanza ...</strong></font>

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El profesor Rudolf Bilz bautizó así un experimento con ratas de campo recién capturadas. Si uno de estos animales es arrojado a un barreño lleno de agua, cuyas paredes lisas no le permiten salir, a los quince minutos de nadar y agotarse, en pleno desconcierto, la rata muere a causa del stress.

En circunstancias normales, este tipo de ratas pueden nadar hasta 80 horas sin parar antes de ahogarse. De hecho, la causa de la muerte de las ratas antes mencionadas no es el esfuerzo físico, sino solamente el miedo mortal ante una situación sin salida.

Al otro día se hizo otro experimento con otra rata del mismo tipo. Ahora, después de dejar a la rata en el agua por cinco minutos, se le lanzó una tablilla por la que pudo trepar, alcanzando un blando nido.

Si se lanza a esa misma rata poco después, sin la tablilla salvadora, el animal no muere de stress. Aguanta nadando en el recipiente ochenta horas, como un campeón de resistencia, hasta su total agotamiento, animada por la esperanza de que en algún momento se le vuelva a arrojar la tablilla salvadora.

Si esto hace la esperanza en un pequeño animal, qué no hará en un ser humano.

 

 

 

 

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